Fernando Llopis - El último liberal

Los chorlitos y el cuatripartito

«Parecen sentirse más a gusto luchando contra cambios climáticos que fracasando en algo tan cuantificable como la gestión de los servicios sociales, las listas de espera o los barracones»

Fernando Llopis
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Hubo un tiempo en el que las películas de blanco y negro competían con otras en color por las sobremesas de los sábados. La pareja formada por Stan Laurel y Oliver Hardy, más conocida por el gordo y el flaco, ocuparon algunas de esas tardes con su sentido del humor tantas veces copiado pero que mantiene su gracia a pesar de lo antiguo que parece todo el envoltorio cinematográfico. En una de sus más famosas películas, “cabezas de chorlito”, partían de una premisa inverosímil pero que aportaba cierta historia original. En plena primera guerra mundial se le encarga a uno de los soldados (el flaco) defender una trinchera del posible avance enemigo. Fiel a las órdenes que ha recibido y a pesar de no recibir ni ataques del enemigo ni noticias de los suyos, el tenaz soldado pasa veinte años en la posición olvidada por todos, a pesar de que la guerra ha acabado. Cuando lo descubren, el alto mando encarga a uno de los amigos del soldado (el gordo) que trate de explicarle la situación sin que entre en shock.

En la votación al presidente del Consell, no pude dejar de recordar la antigua película dados los mensajes que transmitían en su discurso los líderes del tripartito o cuatripartito que gobernará la Comunidad, Dios nos pille confesados, los próximos años. Algunos de los mensajes que se pudieron escuchar de lucha contra el fascismo parecían dichos en plena guerra civil y no en el año 2019, pero algunos parecen anclados en una trinchera eternamente esperando a alguien que les diga que la guerra ya ha acabado.

llamativas también han sido las palabras de la vicepresidenta, Mónica Oltra, en su emergencia autonómica contra el cambio climático. Tras la conversión de San Pablo al cristianismo, cuando cayó del caballo, no ha habido tal cambio express en los últimos dos mil años. De la noche a la mañana la prioridad del cuatripartito valenciano será combatir el cambio climático, tanto que serán dos las consellerías que compitan entre ellas para ver quien lucha con más intensidad. Pero lo más curiosos del tema no es este nuevo objetivo del Botànic, es que ha surgido de la nada, como cuando el soldado olvidado conoce el nuevo mundo, ya que durante todos estos cuatro años de mandato no se conoce ninguna acción relevante en esta línea. En cualquier caso, ya imagino a los dos conselleres valencianos en algún foro mundial obligando a Estados Unidos y China a cambiar a sus políticas medioambientales. En su guerra contra el “terrorismo machista” siguen igual, todo su mérito se circunscribe a ponerse detrás de una pancarta y a realizar discursos conmovedores. A lo mejor sería el momento de abandonar las pancartas y empezar acciones realmente eficaces que puedan erradicar esa plaga. Pero es posible que no les interese, ya que parecen sentirse cómodos hablando de machismo y de violencia de género mirando a los miembros de la oposición como si fueran los culpables del tema.

Oltra con Ximo Puig y Rubén Martínez Dalmau (Podemos), el día de la toma de posesión del presidente
Oltra con Ximo Puig y Rubén Martínez Dalmau (Podemos), el día de la toma de posesión del presidente - MIKEL PONCE

Y ya puesto a solucionar los problemas del mundo era inevitable que el tema de la inmigración ilegal y el Aquiarius formaran parte del mensaje, no para reconocer su fiasco. Más allá del autobombo de una semana de banderitas en los puertos no se ha avanzado, entre otras cosas por que sigue siendo un problema de ámbito nacional.

Y quizás ese sea el problema del cuatripartito, que todavía no parecen asumir que su ámbito es autonómico y que su obligación es la de mejorar la vida de los valencianos con los medios que disponemos. Por supuesto, también trabajar para conseguir incrementar dichos medios. Pero parecen sentirse más a gusto luchando contra cambios climáticos que fracasando en algo tan cuantificable como la gestión de los servicios sociales, las listas de espera o los barracones.

Si no fuese un asunto tan serio, sería graciosos ver a los miembros del cuatripartito en la trinchera dando la ronda diaria como hacía Stan Laurel en la película, luchando contra enemigos inalcanzables, solo preocupados en un problema: como hacer más grande la trinchera para que quepan todos los altos cargos que han previsto nombrar. Y es que en esto de los nombramientos de afines prefieren vivir en el presente y no el pasado, ¡no son listos los chicos!

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