La feria de las vanidades

La feria de las vanidades

Carolina Punset
Actualizado:

¡CRECEN como setas! Nos costó construirlos 10 millones de euros y mantenerlos supone más de cien mil euros al mes a las maltrechas arcas del Ayuntamiento. Hablo de los «Palaus» de Altea, el de deportes y el de las artes. Pero es que tan solo a 12 kilómetros de nuestro pueblo, en Benidorm, hay otro palacio de los deportes, y en Alfaz del Pi, a 6 kilómetros de Altea, ídem de ídem, y a 8 kilómetros, en La Nucía, más de lo mismo.

Estas obras emblemáticas se inauguran con todo tipo de fastos para regocijo de sus alcaldes pero suponen una sangría en las cuentas públicas municipales, no solo por el coste de su construcción sino, sobre todo, por su mantenimiento. Paradójicamente, esos edificios sólo llenarán sus aforos de manera ocasional, porque no ajustan su tamaño al de un pueblo, sino al de una gran ciudad.

Ahora, con las ayudas a los ayuntamientos de los gobiernos central y autonómico del Plan E de Zp y el de Camps, me temo que se van a disparar aún más este tipo de obras. Al parecer, nadie ha reparado en el hecho de que sería más lógico construir y usar esas instalaciones de forma mancomunada y comarcal. Eso permitiría compartir la pesada carga del sostenimiento de esas superestructuras entre varias poblaciones pequeñas de la misma zona. «The biggest and the best», dicen los británicos, si, ¡vale!, pero entre varios por favor, porque sino lastraremos la economía hasta desangrarla.

Ya apuntaba Goethe que «obrar es fácil, pensar es difícil». Hay que reflexionar y no dejarse arrastrar por la tentación electoralista de «inaugurar», porque lo razonable sería planificar con una visión de conjunto, poniendo de acuerdo a todos para diseñar un reparto equitativo de los distintos servicios entre los pueblos cercanos, ya que obstinarnos en mantener los «palaus» en solitario se convierte en un acto de pura vanidad.

AIRE FRESCO