Un ejemplo de voluntad

POR RAFAEL CARRIÓNFOTO: ROBER SOLSONAVALENCIA. Nació hace 20 años en Valencia, concretamente en el barrio de Nazaret. Su nombre saltó a la palestra el pasado 11 de mayo, domingo, cuando logró salir a

POR RAFAEL CARRIÓN. VALENCIA.
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Nació hace 20 años en Valencia, concretamente en el barrio de Nazaret. Su nombre saltó a la palestra el pasado 11 de mayo, domingo, cuando logró salir a hombros por la Puerta Grande de Valencia, tras cortar dos orejas en la novillada programada dentro del ciclo «Camino a matador de toros».

Apenas sin antecedentes taurinos -sólo un primo lejano que vive en Sanlúcar de Barrameda intentó la aventura- se aficionó a los toros por las fiestas de «bous al carrer» que se celebran en Estivella, lugar donde sus abuelos tienen una casa de veraneo.

Un buen día, cuando regresó a su casa después de presenciar esas fiestas populares, le dijo a su madre que quería ser torero. «Lo recuerdo perfectamente. Mi madre estaba en la cocina y cuando entré se lo dije de golpe. La mujer me miró y se sonrió sin darle ninguna importancia. Por aquella época, tenía 15 años y pesaba nada mas y nada menos que 103 kilos. Esa circunstancia debió influir para que mi madre no se lo tomara muy en serio».

De modo que un buen día lo llevaron a la Escuela Taurina y lo apuntaron, quizás con la idea de que se diera cuenta que su obesidad era un obstáculo infranqueable para desarrollar esta profesión. Pero no imaginaban que el empeño y la afición de Juan Francisco le llevarían a perder 33 kilos en tan sólo tres meses. «Me metí en Estivella y comencé a hacer un régimen muy severo y ha hacer mucho ejercicio. Ése fue el único secreto, no hubo médicos ni una preparación especial, todo corrió por mi cuenta. Mi obsesión era llegar en las mejores condiciones posibles a una clase práctica que me prometieron en la Escuela».

No hubo suerte en esa primera actuación: su becerro salió toreado. Pero las cosas cambiaron en Yatova, en su segunda clase práctica: ahí pudo disfrutar toreando.

Según comenta Juan Francisco, « mi obesidad no fue objeto de burla por parte de mis compañeros. En todo momento me sentí muy arropado y animado por ellos. Además, tengo que resaltar el excelente comportamiento que tuvo hacia mí el maestro Juan Carlos Vera, con el que mantengo un trato especial».

De su época como novillero sin caballos recuerda con cariño sus tres actuaciones en Valencia, Sanlúcar de Barrameda, donde salió en hombros, y en la plaza francesa de Arles.

Debutó con caballos la temporada pasada, en la plaza de Ricas (Toledo), donde le cortó dos orejas a un novillo. Este triunfo y la ayuda de su anterior apoderado, José Sansegundo, le sirvieron para sumar un total de 25 novilladas picadas.

Todo o nada

Pero, sin duda, de la novillada que mejor recuerdo tiene e s de la del pasado día 11. Una puerta grande en una plaza de primera es su mayor logro profesional. «Recuerdo que ese día, me desperté a las cinco de la mañana y me asomé al balcón. Llovía a cantaros pero era tanta la ilusión acumulada, que nunca pensé en que se suspendería. Cuando llegué a la plaza y vi el barrizal que había, tampoco me asusté. Mis compañeros y yo decidimos afrontar la situación y jugarnos el todo por el todo».

Para cuando salió su primer novillo, sus compañeros habían cogido ventaja cortando una oreja cada uno. « Me sentí muy presionado, noté la responsabilidad y eso me condicionó un poco. A mi primer novillo, pese a tener poca fuerza, creo que le hice muchas cosas y le corté una oreja muy merecida. Con el segundo solamente pensé en cortarle otra oreja como fuera y poder abrir la puerta grande. Al final lo conseguí y pude lograr así mi sueño».

Este triunfo parece abrirle nuevas expectativas y además de estar anunciado nuevamente en Valencia durante el mes de octubre, son plazas como Madrid o Sevilla donde tiene puestos sus objetivos mas inmediatos.

«Si todo sale bien, me encantaría tomar la alternativa durante las próximas Fallas. Eso sería una de las cosas mas bonitas que pudieran pasarme». Con estas palabras y con una gran ilusión finaliza Juan Francisco Prados la charla. Un novillero que ha dejado bien a las claras poseer un gran espíritu de sacrificio y una fuerza de voluntad envidiables para alcanzar la difícil meta que se ha propuesto.