Ferran Garrido - Una pica en Flandes

El disputado voto del señor Cayo o el abandono de La Punta

«Son pocos, muy pocos y sus votos hacen poco contrapeso en la balanza electoral. Y hacen poco ruido, perdidos como están entre huertas, olvido, autovías y abandonos»

Ferran Garrido
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Aún recuerdo el nacimiento de nuestra joven democracia. Yo era aún más joven que la joven democracia. Todos éramos más jóvenes que ahora y todos creímos a pie juntillas en la juventud de las jóvenes ideas de apertura, renovación, justicia e igualdad. Igualdad…

Ahora que de casi todo hace, como mínimo, 20 años, me da por pensar en mi amigo Vicente. Es un buen tipo. Palabra. Un hombre que ya no es tan joven, como yo, pero que como yo sigue creyendo que todos los ciudadanos somos iguales en derechos ante la administración que nos gobierna. Y vive en La Punta.

Les voy a ser sincero. Ahora que se acercan unas elecciones municipales me da por dudar de esa igualad entre ciudadanos si empiezo a hacer cuentas de lo que vale cada voto según la zona de la ciudad donde se emita. Ya sé, ya sé… hay respuestas que no debería hacerme, pero es que las preguntas atenazan mi conciencia cuando hablamos de igualdad entre barrios.

Les prometo que no hablo de política, o tal vez sí, pero no de ideologías si no de ideas. Solo de ciudadanos de una ciudad madre de todos sus hijos… según la zona donde vivan.

Mi amigo Vicente, que es un buen tipo, insisto, vive en La Punta. Esa pedanía que, a fuerza de olvido y abandono, parece de catálogo de viajes exóticos y no de las páginas de la Guía Bayarri, traducida ahora a urbano y tecnológico GPS. Todo viene a cuento de que estos días pasados he estado por allí a cuenta de la gran movida que supone el Festival de las Paellas Universitarias, esa fiesta que nació cuando todos éramos más jóvenes y que se ha convertido en un evento que convoca más de 20.000 jóvenes de los de ahora, universitarios con ganas de fiesta.

Les confieso que no entiendo nada. Vicente y sus vecinos se preguntan el porqué les ha caído a ellos encima el fiestón de los estudiantes en más de una ocasión. También se preguntan por qué este año no se ha hecho en Moncada, como el año pasado, o en otra zona de la ciudad de Valencia. Tal vez por ser año electoral, se dicen a sí mismos. Y lo curioso es que no se oponen a que La Punta se revitalice con eventos, pero quieren que se regulen y que no causen problemas a sus pocos habitantes. Y esa es la clave. Que son pocos. Muy pocos.

Participantes en el Festival de Paellas Universitarias
Participantes en el Festival de Paellas Universitarias - EFE

Todavía estamos pendientes de que los técnicos municipales estudien los informes y los documentos presentados por los organizadores. La Policía Local ha levantado actas y presentado denuncias. La fiesta ha sido un éxito de público. Los organizadores, que arriesgan un pastón en su preparación, han salido satisfechos y los estudiantes se lo han pasado de categoría. Aún estoy porque alguien me explique cómo se puede celebrar un acontecimiento como este sin permiso municipal, mientras la Policía da servicio para que no se produzca un caos circulatorio en el entorno… En fin, que entre unos y otros la casa sin barrer, ya ha pasado el trance y si te he visto no me acuerdo hasta el año que viene. Bueno, sin barrer no, porque lo empresa organizadora ha retirado casi 25 toneladas de residuos.

A estas alturas espero que estén tan agobiados como los vecinos de La Punta y como mi amigo Vicente, que es buena gente, como sus vecinos. Lo que pasa es que son pocos, muy pocos y sus votos hacen poco contrapeso en la balanza electoral. Y hacen poco ruido, perdidos como están entre huertas, olvido, autovías y abandonos.

La Punta, como otras pedanías valencianas, es víctima del olvido y de un abandono histórico por parte de las administraciones y del Ayuntamiento. Suman poco en la aritmética electoral y eso se paga. Tal vez venga bien, a pesar de los ruidos y las molestias, que la actualidad nos traiga su nombre a las primeras páginas para ver si, de una vez, se les trata como a lo que son. Ciudadanos iguales en derechos y deberes a sus vecinos del resto de la ciudad, eso en lo que creíamos todos en el principio de nuestra democracia cuando una película nos enseñó el valor de un solo voto. El del señor Cayo. ¿Se acuerdan? A ver si estas líneas les ponen en valor y algunos recuerdan aquellas promesas de nuestra juventud, cuando todos éramos más jóvenes, los programas electorales parecían de verdad y todos los votos valían lo mismo. También los de La Punta.

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