Joaquín Guzmán - Crítica

Cuando todo funciona

«El teatro lució una magnífica entrada y más teniendo en cuenta que era una función entre semana y con un título ignoto para el público valenciano»

Joaquín Guzmán
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Todo funciona y muy bien en esta ópera de juventud que, a pesar de contar con un libreto que adapta un drama nada menos que de Schiller, pero que sin embargo muestra carencias narrativas en algún caso sonrojantes. Por encima de todo, estas representaciones de I Masnadieri tienen tres claros triunfadores: Abbado, Rucinski y el joven Verdi. El director transalpino porque protagoniza una dirección inmejorable de la obra. Como dirían algunos, en la lectura del director italiano, aquello que de idiomático, de propio, posee la música del genio italiano, no puede estar más presente. Para muchos, Verdi tiene una forma de dirigirse y por tanto de tocarse que no puede ser mancillada: una forma de llevar el latido verdiano tan característico, de abordar las dinámicas y los de acelerar y retardar una música en la que lo culto y popular se dan de la mano felizmente, convirtiéndola en irresistible. Abbado conoce a la perfección el secreto de Verdi, de eso no hay duda, así que esperamos que una vez concluida su titularidad en el teatro mantenga su relación periódica con el mismo y nos traiga al menos una vez al año su sabiduría en este repertorio. Para ello se necesita el instrumento de la calidad y flexibilidad ideal y, sin ánimo de ser reiterativos, lo encuentra en una orquesta de la Comunitat Valenciana que rinde como en sus mejores tiempos. Más allá de la perfección técnica en la limpieza de la música que emana del foso, y de sus solistas, en un sonido que es marca de la casa. En esta ocasión hay que destacar, porque en este caso es de justicia, a Rafal Jezierski por su fantástico solo en la poética obertura en la que asombra la honda poética de la escritura del primer Verdi. Inmejorable el Cor de la Generalitat al que además de su excelencia conocida hay que alabar la profesionalidad por rendir al máximo en unos días que no están siendo fáciles para la formación. En este caso son sobre todo los hombres (en el rol de bandoleros) los que se llevan el principal protagonismo.

En cuanto a Rucinski como el odioso Francesco, ya tenía metido al público en el bolsillo en su primera intervención. El barítono polaco lo tiene todo para hacer una carrera extraordinaria. Su largo y referencial lamento a comienzo del cuarto acto es de esos momentos que se lleva uno en el recuerdo, logrando emerger en el ambiente de la sala uno de esos instantes de contención del aliento propio de los grandes sucesos operísticos. Su elegante fraseo es enormemente atractivo gracias a un fiato de atleta y su timbre es fresco. Aunque quizás sea un barítono un punto ligero para el rol, me encantaría escucharle un Scarpia vistas sus prestaciones con el malvado Francesco.

Imagen de la representación
Imagen de la representación - ABC

Stefano Secco fue un buen Carlo. Se le nota que tiene buena escuela aunque no posea un canto todo lo refinado que uno quisiera. Son cosas que se irán aprendiendo. En los momentos de apuro cambia el color de la voz y pasa ciertos apuros para proyectar. Roberta Mantegna fue una notable Amalia; un rol que lo tiene todo para adentrarse en el mundo verdiano. En la coloratura se mostró segura y en el resto quizás se echó en falta una voz algo más ancha y dramática. Su voz es fresquísima quizás todavía demasiado e irá ganando peso y oscurecerá algo más en pocos años. Michele Pertusi es un veterano cantante y su Conde de Moor fue perfectamente encarnado vocal y dramáticamente ya que su voz que ya no luce fresca encarna perfectamente al decrépito noble sajón. Su timbre sigue siendo bonito y el fraseo es irreprochable, llevándose la primera de las grandes ovaciones de la noche. Y como todo funcionó a las mil maravillas en los papeles principales, los secundarios no le fueron a la zaga: Gabriele Sagona, Bum Joo Lee y Mark Serdiuk como Rolla.

En cuanto a la escena, la acción transcurre a lo largo y ancho de la representación en un sólo espacio en el que reina cierta anarquía, gamberrismo con las paredes vandalizadas repletas de pintadas probablemente para reflejar el ambiente de delincuencia y dejadez del mundo antisistema, al margen de la ley, de los bandoleros. El bosque está representado por altos focos de estudio. Sin embargo a pesar de cierta precariedad si la comparamos con otras producciones más dinámicas, gracias a una buena dirección de actores y de una efectiva iluminación la cosa funciona, eso si, sin un momento especialmente memorable.

El teatro lució una magnífica entrada y más teniendo en cuenta que era una función entre semana y con un título ignoto para el público valenciano, que a priori no arrastra a las masas como sí lo hacen otros títulos del celebérrimo repertorio habitual.

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