Cuando la Tierra tiembla

El terremoto más antiguo del que se tiene algún vestigio en la Comunidad Valenciana data del año 300 a. C. Ya en aquellos tiempos el hombre se entregó a la causa de conocer las misteriosas fuerzas de

POR ESTEBAN VILLAREJO. VALENCIA
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El terremoto más antiguo del que se tiene algún vestigio en la Comunidad Valenciana data del año 300 a. C. Ya en aquellos tiempos el hombre se entregó a la causa de conocer las misteriosas fuerzas de la Naturaleza y entonces como ahora se llegó a la misma conclusión: «desastres naturales siempre ha habido, hay y habrá», como dejó sentado el naturalista y científico romano Plinio el Viejo, quien precisamente encontró la muerte sorprendido por una erupción del volcán Vesubio.

En cuestión de seísmos, la Comunidad Valenciana es uno de los dos puntos más sensibles de la Península Ibérica; el otro lo conforman las provincias de Málaga y Granada. La zona de riesgo de la Comunidad se extiende desde la provincia de Alicante (nivel medio-alto), sobre todo en la comarca de la Vega Baja, y el sur de la provincia de Valencia (nivel moderado).

Cada mes, y aunque la población no los perciba, se producen tres o cuatro movimientos sísmicos de entre 1,5 y 2,5 grados en la Escala de Richter -que no es la empleada por los científicos europeos, que usan la escala de intensidad MSK-.

Que puedan ser advertidos por la población se producen entre tres o cuatro temblores anuales. El último ocurrió en la madrugada del pasado jueves en la localidad alicantina de La Romana, sin que se registraran daños personales ni materiales.

Factor positivo

Para Juan José Giner, coordinador de la Unidad de Registro Sísmico de la provincia de Alicante, el hecho de que ésta sea una zona de gran cantidad de pequeños movimientos sísmicos es un factor positivo. «La presencia de esas pequeñas fracturas liberadoras de energía evita su acumulación y, en definitiva, que pueda producirse una gran fractura»... un gran terremoto.

Precisamente ese gran seísmo -el mayor del que se tiene constancia en la Comunidad, de 6,6 en la escala Richter y 10 en la escala MSK- ocurrió un 21 de marzo de 1829, cuando en la comarca las fuerzas de la naturaleza desataron su furia final en la localidad de Almoradí, epicentro del que posteriormente sería conocido como «Terremoto de Torrevieja». Unas 400 personas fallecieron y poblaciones como Torrevieja, Almoradí, Benejúzar y Guardamar tuvieron que ser reconstruidas bajo la premisa de evitar edificios de más de una altura.

Ya en los meses previos se había producido una serie de temblores premonitorios. Aquella década fue la de mayor actividad sísmica y afectó a las líneas sismotectónicas del Bajo Segura que tienen tres fallas: la de Benejúzar-Benijófar, la de Guardamar del Segura y la de Torrevieja.

Otros terremotos históricos fueron los de Tavernes de Valldigna (1396), Enguera (1748), Orihuela (1482 y 1484) o Alcoy (1620 y 1644).

La Unidad de Registro Sísmico -departamento de la Universidad de Alicante, en colaboración con la Diputación y la Conselleria de Medio Ambiente- elabora en la actualidad un plan de prevención de riesgo sísmico de la Comunidad Valenciana. La red sísmica de este departamento comenzó su actividad en 1991 y alcanzó su plena operatividad en 1993. «Podemos decir que en instrumentación estamos al nivel de las redes de detección japonesas o californianas», explica Giner, coautor del libro «Sismicidad en la Comunidad Valenciana» (Ed. Club Universitario).

La Unidad de Registro Sísmico de la provincia de Alicante tiene catalogados un total de 3.651 temblores de tierra desde 1917 hasta el pasado año.

En 2002 se produjo la última gran serie de temblores en el Golfo de Valencia, a unos 35 kilómetros al este de la capital valenciana, donde se registraron tres terremotos de 4,3, 4,2 y 4,6 grados en la escala Richter.

¿Podemos predecir terremotos como el acaecido hace días en China que se ha cobrado 60.000 víctimas? «Sólo una vez, en 1964 en la zona de China, se hizo una predicción acertada. Sin embargo, al año siguiente un nuevo terremoto les cogió por sorpresa», recuerda Juan José Giner, quien se muestra escéptico sobre los «vaticinios» e incide en la prevención en los edificios y las construcciones, cuya regulación es muy estricta en este sentido: «Imagínese que se me ocurre predecir un terremoto para dentro de diez días en Los Ángeles, un área metropolitana de 17 millones de habitantes. ¿Qué haríamos?».