«Charlotá» en Náquera

«Charlotá» en Náquera

JUAN MOROTE
Actualizado:

LOS representantes municipales de los ciudadanos de Náquera andan a vueltas estos días con los nombres de las calles de la localidad. Se han propuesto abandonar todos los nombres que traigan causa del franquismo. Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol.

Lo que más gracia me ha hecho de todo esto es la habitual incultura progre. Cada vez estoy más convencido de que un progre es quien desconoce todo lo susceptible de ser ignorado. Y los de Náquera no podían resistirse a semejante tentación de ignorancia, por otro lado, siempre atrevida.

El grupo municipal Iniciativa Independiente Vecinal de Náquera ha propuesto borrar del mapa a Francisco Franco, al general Mola, a Queipo de Llano y también a Calvo Sotelo. Puede uno entender lo de los tres primeros. Sin embargo, lo de Calvo Sotelo no me cabe en la cabeza. Sin duda estos adalides de la ignorancia más supina desconocen que a Calvo Sotelo lo asesinó un miembro de la guardia personal de Prieto.

Casares Quiroga se había permitido el lujo de amenazarlo de muerte en la sesión parlamentaria precedente al crimen, como ya había hecho la Pasionaria anteriormente. Cuando Indalecio Prieto y Julián Zugazagoitia conocieron que había sido un miembro de su guardia personal el asesino, decidieron encubrirlo. Ambos sabían de los planes para asesinar también a Gil Robles; éste se libró porque no se hallaba en casa cuando fueron a detenerlo los asesinos de Calvo Sotelo.

Me gustaría saber qué mal hizo don José Calvo Sotelo, detenido ilegalmente por el capitán Condés, quien ni siquiera le permitió vestirse dignamente para salir de casa. Y vilmente asesinado apenas ochocientos metros después de abandonar su domicilio. Un legítimo representante del pueblo español en las Cortes republicanas asesinado tampoco merece una calle para estos ilustres e ilustrados representantes municipales de Náquera.

Han incluido a Calvo Sotelo en su lista negra porque Franco le hizo una estatua. Si este es criterio de semejantes mandatarios, deberemos andarnos con cuidado con los inmortalizados en esculturas a lo lago de cuarenta años. A lo mejor, proscriben también al Cid y al Rey Jaume I.

1812