Catequistas de Alto Standing

TUVE un maestro de escuela de los de coscorrón y paletazo -y un pollo de grano por Navidad- enseñante en castellano, zurrándonos la badana cada vez que decíamos «bon dia» y no buenos días. Años

POR OBDULIO JOVANI
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TUVE un maestro de escuela de los de coscorrón y paletazo -y un pollo de grano por Navidad- enseñante en castellano, zurrándonos la badana cada vez que decíamos «bon dia» y no buenos días. Años después dobló el cabo de Buena Esperanza y acabó remando a favor del viento en una galera catalana, premiado al fin por Joan Lerma con corona de laurel, que así se suele hacer con los fieles que saben lamer -sea en la lengua que sea- las larguezas de su amo. Me siguieron acosando en Barcelona; no tardaron en decirme que era catalán, porque catalanas eran las tierras que van de Salses a Guardamar. Recalado aquí en Valencia, encontré entre mis paisanos secuaces de la «mongeta», detractores del «fesòl» decididos a impedirme que fuera lo que bien soy, valenciano y español...

¿Sus argumentos? De caduca autoridad, acogidos al socarrén pedante y achulado de ¡la ciencia!, esa Inquisición de nuestra época que pretende que no haya otra verdad -tantas veces transitoria- que no sea la de sus tesis -que no generan las contrarias, que esa sería su esencia- sino que encaraman en los altares del dogma, convirtiéndolas en normas de obligado cumplimiento.

Con razón escribió Jiménez Lozano en una «tercera» de ABC: «La educación universal pública ha expuesto a millones de personas a la influencia facilísima de la mentira organizada». Confirmaba a Nebrija y a Campanella: «La lengua, junto a la espada y al tesoro, son compañeras del imperio»; Paul Valery será más explícito: «La ortografía es un formulario imperioso e imperativo de errores, falsas etimologías artificialmente fijadas por decisiones inexplicables». García Calvo, filósofo, abundará así: «La lengua la uniforman, la convierten en arma para la afirmación y por tanto la muerte del pueblo». El remate lo dará A. Reyes, quien advierte que «se puede empezar por una ortografía y se puede acabar con la cámara de gas». Nuestra (?) Academia Valenciana de la Lengua nunca asumirá lo que dijo la Real Academia Gallega: «La preocupación por una normativa de la lengua gallega, está provocando un empobrecimiento léxico, gramatical y fonético de la misma». Aquí lo vemos. Eso es lo que se persigue, la uniformidad que sirva para pertrechar, prietas las filas, un ejército de liberación, nosaltrista, lenguadicto y separatista.

He traído tantas citas siquiera sea para contrachapar a tanto tántalo de tan altas y profundas letras que se sirven de un título -el título no hace al sabio- para mantenerse erguidos, apalancados por avalistas dogmáticos patrocinadores de imperios. Así, un cortejo de catequistas de alto standing -Bancaja, Generalitat Valenciana, RTVV, Gobierno de España, Academia de la Llengua, dos periódicos y la Editorial Bromera -la niña mimada de la edición- promocionan unos folletos para «llegir en valencià». Su texto incluye, claro, un léxico importado, ajeno, foráneo, doctrinal. Vale lo que dicen allá arriba -allá ciudadanos-acallan lo que decimos aquí abajo -acá súbditos. No es pues «fideuà», sino «fideuada». Y «Terra i Mar» -¿tú quoque, Rus?- por la radio, tal que cual. De estos franquiciarios del seny invasor solo cabe esperar «la solución final»... el gas.

Ante tanta obsequiosa aquiescencia miedica de tantas autoridades que escurren el bulto, miran para otro lado, se encogen de hombros, se hacen el llonguis, se llaman andana mientras discuten si son galgos o si son podencos, les diré lo que pienso de ellos en palabras de un don Quijote herido: ¿Dónde estás, señora mía/ que no te duele mi mal? / O no lo sabes, señora/ o eres falsa y desleal.