Vicente Vera - CAMBRIDGE CIRCUS

Un día en las carreras

«Se puede abrir una etapa en España complicada de no adoptarse soluciones legilativas sobre incrementos salariales y cobertura a los más desfavorecidos»

Vicente Vera
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Desde bien joven he sido muy filomarxista –no malinterpreten- seguidor de las aventuras y obra fílmica de los ingeniosos Hermanos Marx. Sigo pensando que es uno de los mejores y más eficaces antídotos contra la tristeza y la murria que nos puede atrapar en cualquier momento de nuestras vidas. Y a pesar del tiempo transcurrido, hablamos de más de ochenta años, continúan provocándonos la risa y la sorpresa en el surrealismo de sus diálogos. En este artículo dedico un homenaje o más bien un emotivo recuerdo a la película que precisamente lleva por titulo estas reflexiones, «Un día en las carreras» (Sam Wood, 1937), y es que la risoterapia es una de las medicinas más efectivas para sacarnos del aburrimiento o del hastío de la vida política cotidiana. Además de este film también recomendaría una más, como programa doble de cualquier sábado por la tarde o domingo cansino, «Una noche en la opera» (Sam Wood, Edmund Goulding, 1935). Si Groucho, Harpo y Chico Marx no son capaces de agitar nuestro sentido del humor, con todos mis respetos tenemos que hacérnoslo ver con urgencia.

Y todo esto viene a cuento por la sensación que me viene produciendo durante los últimos meses la pasividad de los políticos por reactivar y estimular la participación de los ciudadanos en la cosa política. Presiento que cada uno de los partidos constitucionalistas PP, PSOE y Ciudadanos se encuentran en un proceso de catarsis o quizá de agotamiento e incluso de impotencia para dinamizar el parlamentarismo y la actividad legislativa. Observo esta actitud como el retorno del desencanto político y social, los más mayores se acordarán de aquellos años últimos de la transición y del régimen del 78 en el que sucedía algo parecido a lo que olfateo últimamente. O bien todos los partidos y fuerzas políticas consideran amortizada esta legislatura y, como hacen los grandes y reconocidos jockeys que compiten en los mejores hipódromos de Europa, ya se encuentran en fase de entrenamiento y lanzando sutiles mensajes típicos de precampaña electoralista. Ante la carencia de cierto «feelin» de Rajoy para sortear los obstáculos a corto y medio plazo que viene arrastrando su partido, el abandono de su fiel escudero Moragas que se ha ido a Nueva York, nada menos que de embajador representante de España ante la ONU y más recientemente el relevo del cerebro de la crisis financiera, Luis de Guindos nombrado vicepresidente del BCE. De modo que todo se está poniendo a punto en las cuadras parlamentarias los participantes en este turf, sacando brillo y engrasando las fustas, y los lideres o jockeys con plaza segura adelgazando peso para jugar a caballo ganador.

Estaremos atentos a los próximos movimientos estratégico en el PP, lo más inmediato es el nombramiento en el Ministerio de Economía y quien sabe si de esta inminente crisis sale algo más importante y no un mero cambio de cartera ministerial. Por lo tanto estimados lectores, preparen sus apuestas, afilen sus lápices y átense los machos por lo que pudiera acaecer en los días sucesivos, días que no serán de vino y rosas, aunque Puigdemont haya tirado la toalla y baje del caballo imperial.

Carlos Javier 2018
Carlos Javier 2018

Y cambiando de tercio, menos mal que nuestro monarca Felipe VI ha tenido a bien darse una vuelta por el Foro Económico Mundial celebrado en la ciudad suiza de Davos y que ya se ha convertido en un encuentro muy celebrado y ansiado por todo aquel que se precie de ser alguien en la política y en la economía de un país, ahí tienen a Trump sin ir más lejos, que no ha declinado la invitación. Como digo, afortunadamente Felipe VI ha sido el único responsable de vender y ensalzar las virtudes de España a los inversores concentrados en ese Foro tan animado, y transmitir una sensación de país tranquilo, bien gestionado, con un nivel de seguridad jurídica muy elevado y donde se respeta la Constitución y está garantizado el Estado de Derecho de manera impoluta. Estamos tan cómodamente instalados en zona de confort que no se nos pasa por la cabeza lo que nos podría ocurrir si de repente dejaran de fluir las inversiones internacionales en España, y esa hipótesis la hemos tenido muy cerca con la inquietante e incierta inestabilidad política en Cataluña o incluso en los años de plomo de la crisis financiera de 2008-2011. Si por un casual se hubiera ido de las manos dicha situación y la republica catalana se hubiera institucionalizado de verdad junto con la realidad de la independencia en las calles de Barcelona, con este radical y extremo escenario sí que habría visto una huida de verdad de la inversión extranjera, pero no solo bancaria o de cartera sino de un desmantelamiento de las fabricas y plantas. Ahora podemos ver lo que está negociándose en Figueruelas, Zaragoza con la presión de Opel para reducir costes salariales y poder ser más competitivos fabricando coches y dar empleo a toda una comarca. Esta es la cruda globalización que se cuece también en Davos, siempre hay una vuelta de tuerca para los más desprotegidos. Y este es el único drama que no se resuelve nunca ni en Davos ni en ninguna reunión de los grandes países industriales que gobierna el planeta. La desigualad salarial y social así como la globalización, es también rampante e imparable. Y esta actitud de los países como España es la que ya se hace insostenible. El bienestar ha de ser compartido por todas las familias y trabajadores de una nación en la que se manifiesta todos los días la opinión que la crisis ha terminado, pero “aun queda mucho por hacer”. Pues sí queda mucho por hacer, leamos a fondo el Índice de Desarrollo Inclusivo (IDI) elaborado precisamente por los técnicos del Foro de Davos, no tiene desperdicio y ofrece unos datos y conclusiones muy reveladoras para todos.

A modo de conclusión y conectando con el mundo de la hípica o con el turf como dicen los especialistas en la materia que tanto le gusta y ha escrito tan magistralmente el filosofo Fernando Savater, recomiendo sus dos libros sobre esta temática, «A caballo entre milenios» y «El juego de los caballos». Se puede abrir una etapa política en España ciertamente complicada en caso de no adoptarse soluciones legislativas y muy enérgicas con respecto a estas premisas argumentadas sobre incrementos salariales y cobertura a los más desfavorecidos. Con los asuntos de corrupción a flor de piel en los partidos PP-PSOE, el problema de desempleo entre los más jóvenes y con expectativas tan poco imaginativas auguro un futuro político poco estimulante y más semejante a aquella secuencia marxiana insuperable reconocida como el camarote de los Marx.

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