Ainsa, uno de los pueblos con encanto que atraviesa el camino  Vista panorámica de las torres y cúpulas de la Basílica de El Pilar, en Zaragoza
Ainsa, uno de los pueblos con encanto que atraviesa el camino Vista panorámica de las torres y cúpulas de la Basílica de El Pilar, en Zaragoza

El camino de San Vicente

POR MARTA MOREIRAVALENCIA. El anuncio por parte del presidente Camps de la habilitación de un museo internacional sobre Sorolla en el convento de San Vicente de la Roqueta ha puesto en guardia a las

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POR MARTA MOREIRA

VALENCIA. El anuncio por parte del presidente Camps de la habilitación de un museo internacional sobre Sorolla en el convento de San Vicente de la Roqueta ha puesto en guardia a las asociaciones vicentinas, que reivindican desde hace años la rehabilitación de este decadente edificio para que sea declarado Santuario Nacional e Internacional, y destino de peregrinaciones para visitar los restos de este mártir de la cristiandad.

Pero la visita al convento es sólo el último tramo de un peregrinaje histórico de 750 kilómetros que la asociación Valencia Cultural-Vía Augusta pretende recuperar en el siglo XXI. Este camino -que comienza en Roda de Isábena, en Huesca, población natal del santo, pasa por Traiguera y enlaza con la Vía Augusta hasta llegar a Valencia-, fue recorrido durante siglos por numerosos devotos de toda Europa con la intención de conocer los lugares relacionados con la vida y milagros del santo.

Paradójicamente, este recorrido, en desuso en nuestros días, se remonta seis siglos antes de las peregrinaciones del Camino de Santiago de Compostela, que por el contrario acoge cada año a cientos de miles de personas. Los promotores de este trayecto hicieron bien sus deberes en los años setenta, facilitando su recorrido con una buena señalización y una red de hospedajes gratuita.

El atractivo paisajístico de las poblaciones por las que discurre el Camino de San Vicente y su interés histórico y devocional son sólo algunos de los argumentos engatusadores que manejan los ayuntamientos y las asociaciones impulsoras del proyecto. También puede entenderse como una ruta deportiva, turística y gastronómica por parajes tranquilos y poco conocidos, ya que el más populoso cuenta apenas con 150 habitantes censados.

La revitalización de zonas económicamente deprimidas y afectadas por la desindustrialización y la despoblación supone un acicate añadido para que los gobiernos municipales se impliquen en esta propuesta.

Para evitar caer en los errores del Camino del Cid o el Camino del Quijote, en los que al llegar a un pueblo el peregrino debía «buscarse la vida», el futuro Camino de San Vicente ha ideado un sistema de credenciales que da derecho a ducha y acomodamiento gratuito en una serie de establecimientos. En los 750 kilómetros de longitud del recorrido, no habrá más de treinta sin albergue.

Esencial es también una correcta señalización, que indicará el camino con flechas naranjas en cada una de las localidades, desde Aragón hasta la Comunidad Valenciana, en las que se pondrán en marcha visitas guiadas.

Entre los lugares más emblemáticos del recorrido se encuentra la casa natalicia del santo, en Huesca, hoy denominada Iglesia de San Vicente el Real y administrada por la Compañía de Jesús. También el Templo de la Seo dedicada al Salvador en Zaragoza, bajo cuyos cimientos se albergó el centro religioso más importante de la Hispania romana, en la que predicó San Vicente junto al Obispo Valero. Siguiendo las vías romanas, el peregrino se topará con el «Pozo de San Valero», en Cariñena, y el «Pozo de San Vicente», en Agiria, donde se dice que se obraron milagros.

El camino desciende atravesando Fuentes Claras, Forcall, Morella, hasta enlazar con el trazado de la Vía Augusta, el principal paso comercial y militar entre los dominios del Imperio de Roma, donde se conservan los principales miliarios de toda Hispania. Caminando o en bicicleta pueden observarse restos de la antigua calzada y vestigios de mansiones, puentes, centuriaciones, villas, arcos monumentales, etcétera.

Desde Morella se llega a Traiguera, donde los romanos vencieron a los cartagineses de Aníbal en la segunda guerra Púnica, y de ahí a Vilanova de Alcolea. El último tramo pasa por Sagunto, una de las urbes romanas más importantes del territorio valenciano antes de finalizar en Valencia.