Las cajas pierden el paso

La Caixa enseña sus garras con virulencia, Caja Madrid responde, y las cajas vascas se preparan para el asalto industrial, al igual que las andaluzas. Mientras, Bancaja y la CAM quedan rezagadas en el nuevo orden que controla la economía española

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TEXTO: A. CAPARRÓS ILUSTRACIÓN: ANTONIO TERUEL

VALENCIA. «Fantásticos dividendos y plusvalías interesantes». La filosofía de aglutinar participaciones industriales continúa reportando pingües beneficios a Bancaja y la CAM, pero no les garantiza la influencia en la toma de decisiones de sus participadas. Un planteamiento completamente opuesto al de las grandes cajas de ahorros españolas, que apuestan por invertir en participaciones que no solo reportan ganancias, sino que garantizan amplias cuotas de poder tanto a las entidades como a los gobiernos autonómicos en los que tienen su sede, en sectores estratégicos como el energético, las grandes constructoras y las telecomunicaciones.

Los dos gigantes financieros de la región coinciden en su apuesta inequívoca por impulsar el desarrollo urbanístico. «En épocas de tipos de interés tan bajos, el ladrillo es una apuesta segura y rápida», según fuentes financieras.

En este ámbito nadie oculta la ascendencia política sobre unas entidades que acumulan un amplio poder económico. Así lo marca de la ley. Las reglas del juego son iguales para todos y la clave es saber mover las piezas en el complejo tablero económico. La Caixa (que controla el mayor holding industrial español) ha mostrado esta semana sus garras con la célebre opa hostil de Gas Natural sobre Endesa. Caja Madrid, accionista de referencia de la principal eléctrica española, se ha hecho fuerte y tratará de impedir que la ya de por si imperial entidad catalana amplie sus dominios con una suerte de oligopolio energético. Mientras, y alejadas del bullicio mediático, las cajas vascas (también referentes en el sector gracias a Ibedrola, Petronor y Euskaltel) llevan adelante su fusión, al igual que las andaluzas El Monte y San Fernando. Un informe elaborado por la consultora Landwell por encargo de las cajas del País Vasco indica que, en caso de fusión, Bancaja y la CAM quedarían por encima de aquellas y de las andaluzas en el ranking de beneficios.

Las entidades de la Comunidad suman unas ganancias de 518 millones de euros anuales, con datos de 2004.

A día de hoy, sin embargo, «el escenario de una fusión ya es agua pasada. El debate se zanjó». La reflexión, punto por punto, la suscriben fuentes de Bancaja y la CAM. Nada nuevo por otra parte, aunque noticias como la protagonizada esta semana por La Caixa, a través de su participada Gas Natural, vuelven a situar a las cajas locales en el centro de un debate nunca cerrado. Bancaja y la CAM cuentan en sus respectivas asambleas generales con un cincuenta por ciento de representantes políticos, designados por las Cortes Valencianas y los Ayuntamientos. Y los políticos, en mayor o menor medida, ejercen su influencia. Para el PSPV, sin embargo, ésta es escasa. Enrique Villarreal, secretario de Economía de los socialistas valencianos, considera que «Bancaja y la CAM están aprovechando la oportunidad de acceder a negocios en sectores estratégicos y es una lástima que centren su estrategia en el ladrillo, que genera beneficios a corto plazo pero no te sitúa con capacidad de decisión en cuestiones clave como la energética, donde cada una va por su lado y no han unido sus esfuerzos». ¿Suscribiría, pues, aquella vieja idea de Zaplana de fusionar las cajas?: «Eso no saldrá de mi boca».

Villarreal sí califica de «milonga» la relación entre el tripartito catalán y la opa del año (¿del siglo?). «La Caixa lleva muchos años acaparando poder con CiU, y no ha variado su estrategia», subraya. Desde el PP-CV las cosas se ven desde otro prisma. Oposición frontal a una operación que «va en contra de los consumidores, de la liberalización del mercado energético y del Libro Blanco del sector presentado por el propio Gobierno». Sobre Bancaja y la CAM, el discurso no cambia. Ricardo Costa lo resume en tres ejes: «Despolitización, respeto a las decisiones de sus órganos y el deseo de que fueran de la mano en sectores estratégicos».