El Cabañal no puede esperar

TODAVÍA me tiembla el pulso cuando recuerdo aquella llamada de Obdulio Jovaní, entrañable amigo y por entonces -abril de 2000- responsable de editar las páginas de Opinión de ABC Comunidad Valenciana

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TODAVÍA me tiembla el pulso cuando recuerdo aquella llamada de Obdulio Jovaní, entrañable amigo y por entonces -abril de 2000- responsable de editar las páginas de Opinión de ABC Comunidad Valenciana. Aquel mes, el Ayuntamiento aprobó el proyecto definitivo para la prolongación de la avenida Blasco Ibáñez.

Se trataba del tema perfecto para plasmar mi estado de ánimo al respecto. Luego, una cadena de casualidades llevó aquel folio a la Redacción de ABC y así, escribiendo sobre mi barrio, comenzó una carrera en esta bendita casa.

Desde que Rita Barberá accedió al gobierno local, en 1991, los habitantes del Marítimo siempre han concedido su respaldo en las urnas al programa que prevé la salvación urbanística del Cabañal. No obstante, el Estado de Derecho cuenta con mecanismos de defensa del interés ciudadano que permiten demorar una decisión urgente casi una década.

Finalmente, el Tribunal Supremo ha dado la razón al Ayuntamiento, lo cual también es otorgársela a los vecinos que han apoyado sin medias tintas la prolongación.

No tiene sentido que en la Valencia de la Copa América y la Fórmula 1 los habitantes de tan entrañable barrio convivan entre inmundicia, droga y edificios en ruina.

No es de recibo que en la tercera capital del séptimo país del mundo, la Policía Local y los servicios de limpieza se vean obligados a evitar ciertas calles. Las mismas que el PSOE en su día, en una maniobra política que todavía hoy purga en las urnas, catalogó como Bien de Interés Cultural (BIC) para bloquear los planes del Ayuntamiento.

Puede que en 1993 los socialistas pensaran que la trayectoria del PP en el Consistorio resultaría efímera. En 2008 Rita Barberá continúa al frente del gobierno municipal y, por fin, podrá retirarse tranquila.

Valencia está en deuda con su barrio marinero. El mismo que pintó Sorolla y glosó Blasco Ibáñez. Hoy, por desgracia, convertido en un nido de ratas. No sería justo eximir de responsabilidad al Ayuntamiento. Las tretas judiciales de los grupúsculos opositores no suponen una excusa para la dejadez en el entorno BIC, convertido en posada de «okupas».

Tampoco resultaría cabal un análisis que pasara por alto las modificaciones experimentadas en el barrio los últimos años. El problema, sin embargo, sigue enquistado en el corazón mismo del distrito. Donde antes paseaban las pescadoras hoy pululan impunes los compradores de droga. Que no dure diez años más.