«¿Bodas? Aquí sólo hay entierros»

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POR M. A. RUIZ COLL

FOTOS: JUAN CARLOS SOLER

ALICANTE. «Aquí no se celebran bodas, sólo tenemos entierros», afirma una vecina de Facheca, un pueblo alicantino de 106 habitantes situado a los pies de La Serrella, cuya cresta aún aparece nevada. En el municipio sólo viven tres niños, que cada mañana toman el autobús para ir a clase a la población vecina de Benilloba: la escuela de Facheca echó el cierre hace más de 20 años, por falta de alumnos.

En el pueblo sólo hay un bar, propiedad del Ayuntamiento, y una tienda que es al mismo tiempo estanco, peluquería y casa rural. El transporte público se limita a un microbús que une la comarca con Alcoy dos veces por semana: los lunes y los viernes.

A apenas cinco kilómetros se encuentra Quatretondeta, que en 1924, en plena dictadura de Primo de Rivera, se convirtió en el primer municipio español con una mujer alcaldesa, Matilde Pérez Mollá. Otra mujer, la socialista Magdalena Chiquillo, ocupa hoy el cargo. Recibió 63 votos en las últimas elecciones municipales: mayoría absoluta.

Casi la mitad de los 129 vecinos censados en Quatretondeta tiene más de 65 años. Es el día de San Blas, patrón del municipio, pero nadie lo diría: las calles empinadas están completamente desiertas.

«La nevada del 13 de enero dejó incomunicados todos los pueblos de la comarca durante tres días», explica Rafael Pastrana, un joven albañil de 27 años que muestra su apellido tatuado en el brazo derecho. «En Gorga una anciana murió porque la ambulancia no pudo llegar a su casa. Y en Famorca estuvieron dos días sin luz, casi pierde la vida una mujer enferma que estaba conectada a una bombona de oxígeno».

Los jóvenes se marchan

La otra cara del «boom» demográfico que ha vivido la Comunidad Valenciana en la última década aflora en los pueblos olvidados que año tras año pierden población. El campo ya no da para vivir y el turismo no ha descubierto estos destinos de interior.

Municipios sin apenas jóvenes -han emigrado a los núcleos más cercanos, en busca de trabajo-, cuyos ayuntamientos carecen de recursos para mejorar las infraestructuras y para atender a una población cada vez más envejecida. En Alicante, buena parte de estos pueblos se encuentran en la comarca de l´Alcoià: Famorca (tiene hoy 44 habitantes, 20 menos que en el año 2000), Benillup (con un censo de 99 vecinos), Balones (163 habitantes), Almudaina (129) y Benassau, que roza los 200.

En la provincia de Valencia, esta lenta agonía se produce en las comarcas de interior, como la Canal de Navarrés, l´Alt Maestral, la Serranía y el Valle de Ayora. El mejor exponente de ello es Sempere, con 37 habitantes censados (dos menos que en el año 2000). También han retrocedido en el tiempo, perdiendo población durante la última década, municipios como Benagéber (142 residentes), Estubeny (144), Bufali (187), Aielo de Rugat (189) o Pinet (194).

La nieve arruinó la cosecha

«En Quatretondeta los únicos extranjeros que vemos son unos ingleses, que gestionan el hotel, y cuatro o cinco rumanos que vienen desde Cocentaina a trabajar en la recogida de la aceituna», explica Rafa. Los olivos y los almendros fueron durante años la gran riqueza del pueblo, que llegó a tener dos almazaras para extraer el aceite.

Como también echaron el cierre, ahora se realiza esta labor en otro pueblo próximo, Muro. «La nieve de enero rompió todos los olivos y las heladas han arruinado la cosecha. Este año esperaba recoger 40.000 kilos de aceituna, y al final no creo que lleguen ni a 25.000», se queja Juan, un vecino de Quatretondeta que tiene 70 años.

Las tiendas también cerraron, hace años, igual que el antiguo puesto de la Guardia Civil. Tres días a la semana, llega un panadero desde Facheca e instala su tenderete junto a la cooperativa. Y un día a la semana viene el carnicero, desde Muro.