El birrete como argumento

OBDULIO JOVANÍ
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CLAUSTROS, aulas, bibliotecas,licenciaturas, doctorados... tienen no más de mil años de andadura. Antes de que hubiera Universidades los caldeos ya midieron las distancias entre astros con una caña plantada al sol, conocieron los efectos curativos de miles de hierbas, otros construyeron pirámides de medidas exactas sin grúas pluma, más allá descubrieron ¡la rueda! sin ningun instituto tecnológico, fundieron metales, hicieron trepanaciones y embalsamamientos, pintaron Altamira, crearon la escritura... Ni Pitágoras ni Platón se examinaron jamás; la columna y el acueducto, la superación del grito por el alfabeto, los dispersos instintos sujetos al derecho, todo quedó hecho antes de que los Papas crearan las Universidades; «Einstein fue un estudiante medriocre, Alberti no terminó el bachillerato; su impagable aportación a la cultura tiene poco que ver con burocráticas construcciones suministradoras de conocimiento y su séquito de estructuras inquisitoriales», escribió Gustavo Villapalos, rector de la Complutense. Esto ocurre aquí, donde tantos son encapotados por un birrete y se creen redentores. «El resultado es el acceso cada vez más numeroso de una serie de señores a Titularidades y Cátedras sin la menor cualificación científica -escribe García de Enterría- los ordenadores permiten hoy elaborar tesis doctorales con una apariencia de erudición y contenido». Así se ha tornado la ciencia en cientifismo, esa idolatría que acaba dejando sin voz a la sabiduría. Así se eliminó en la Universidad de Valencia la imagen de la Sapiencia, ahora la realidad solo queda definida por las cualidades primarias de tamaño, peso, forma, extensión y movimiento. Con la conciencia arrinconada por la hipertrofia de la ciencia. Recordemos que Robespierre -aún con la cabeza puesta- ofreció una misa ¡a la Diosa Razón! Ahora se trata de remediar la decrepitud espiritual atiborrándose de antidepresivos, euforizantes... y otras tomas. Y ya escribió Jung que nada hay más racional que el sentimiento. Porque estamos en lo que Julián Marías llamó «la descapitalización cultural, la vocación de nuestro tiempo para la pena de muerte y el asesinato». Hablaba, entre otras cosas, del aborto...

Mr. Dawkins ha venido de Londres, de dar apoyo a la campaña de los autobuses ateos; aquí a la de los abortistas. Con reniegos de brochazo gordo, argumentos a rajatabla y sofismas de parrafada larga. Nada nuevo. Aquí le han calado el birrete de «honoris causa», prenda tan útil para disimular tantas cabezas hueras. Y encaramado en el pedestal de la sustancia, ha evidenciado que la ignorancia es insalvable para el engreído. Si Nietszche anunció la muerte de Dios -con racionalidad de mostacho- este inglaterro de jamón dulce y cerveza caliente asegura que cuanto más se piense menos se creerá en Él. ¿Será realmente funesta la manía de pensar? Del Papa -que dijo lo que dijo del preservativo a la luz de resultados estadísticos, sin más- ha dicho el mister que «es estúpido, ignorante o corto». Moli_re le respondería así: «Un tonto universitario es mucho mas tonto que un tonto ignorante». Lo mismo digo.