Bancaja-CAM, tan cerca y tan lejos

El ejercicio 1997 marcó un punto de inflexión para la trayectoria de las cajas de ahorros valencianas. Entonces, la Generalitat modificó la ley autonómica que regula estas entidades financieras, de

POR A. CAPARRÓS. VALENCIA.
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El ejercicio 1997 marcó un punto de inflexión para la trayectoria de las cajas de ahorros valencianas. Entonces, la Generalitat modificó la ley autonómica que regula estas entidades financieras, de tal forma que permitía la entrada de representantes designados por las Cortes en los órganos de gobierno de las cajas.

Transcurría el primer mandato de Eduardo Zaplana, quien nunca ocultó su deseo de contribuir a la configuración de un gran grupo financiero, a través de una gran fusión entre Bancaja y la CAM. Sin embargo, la adaptación a la normativa estatal -en diciembre de 2002- y, fundamentalmente, las reticencias de ambas entidades a abordar el proceso, dieron al traste con el sueño del ex presidente de la Generalitat, quien tuvo que conformarse con la creación de una suerte de holding de participaciones empresariales entre ambas, que aunque todavía hoy se mantiene latente, no ha cuajado y sus resultados no han sido, ni de lejos, los esperados.

A pesar de que el debate sobre la fusión quedó zanjado de forma pública y notoria tras la llegada de Francisco Camps a la jefatura del Gobierno regional, en los últimos años se han sucedido los informes de entidades privadas.

Dentro del sector bancario, el Santander realizó una simulación sobre el escenario que se produciría en el caso de una hipotética fusión entre cajas de una misma Comunidad, coincidiendo con el proceso que, el pasado verano, se fraguaba en el País Vasco.

La Caja Naranja

Según el citado documento, cuyas conclusiones coinciden con otros estudios similares realizados por diversas consultoras, la integración de Bancaja y la CAM -a la que se bautizó como Caja Naranja en un alarde de tópico- hubiera dado como resultante el quinto grupo financiero español, por delante de pesos pesados de la banca.

Sin embargo, las entidades de la Comunidad, tan cerca pero tan lejos al mismo tiempo, comenzaron en 1997 una andadura por separado que hoy, una década después, da la razón a quienes abogaron por la independencia de cada una de ellas para explotar un modelo de éxito, en el ya de por sí lustroso sector de las cajas de ahorros en España.

La comparación de las magnitudes entre el ejercicio de referencia y el pasado año arroja una primera conclusión. Bancaja y la CAM han dejado de ser entidades de carácter regional y su ámbito de actividad ha trascendido más allá del territorio autóctono, donde conserva unas cuotas de mercado que les hacen líderes del sector. Con todo, esto no era suficiente y, en el caso de Bancaja, se ha pasado de las 970 sucursales del ejercicio 1997 a las 1.482 de la actualidad. Hace diez años, el 87% de las oficinas de la entidad estaban situadas en la Comunidad. Hoy en día, este porcentaje se ha reducido hasta el 60%, merced al plan de expansión que le ha permitido estar presente en todas las provincias españolas.

El caso de la CAM resulta mimético. En 1997, la entidad alicantina estaba presente en las cinco provincias de su ámbito de influencia (Alicante, Valencia, Castellón, Albacete y Murcia), más Madrid y Barcelona. En total, 606 oficinas. Diez años más tarde, la caja se ha extendido por todo el territorio nacional y cuenta con 1.059 sucursales.

Además, al igual que Bancaja, ha dado el salto internacional, con ocho puntos de venta en el extranjero.

A pesar de esta ambiciosa apuesta por redoblar la presencia a base de establecimientos, combinada con la pujanza de nuevos canales de venta apoyados en el uso de la tecnología, ambas cajas han mantenido los niveles de eficiencia por encima de la media del sector.

Además, la base de clientes de ambas constata el acierto. Bancaja ha incorporado más de 634.000 cuentas desde 1997 y ya dispone de 2,51 millones de clientes individuales, ya que esta estadística excluye las empresas. La CAM, por su parte, cuenta con 2,36 millones de clientes, tras haber sumado en los últimos diez años más de medio millón.

Otro punto de coincidencia en la trayectoria de los dos gigantes financieros valencianos ha sido su capacidad de crecer mediante el negocio «recurrente». La captación de recursos gestionados de clientes y el fuerte incremento de la actividad crediticia -auspiciado por la pujanza del sector inmobiliario- han constituido las bases de su crecimiento.

Los datos sobre el volumen de negocio, en los que no se incluyen las titulizaciones, así lo constatan. Bancaja y la CAM han multiplicado por seis esta magnitud, cuando la media de las cajas de ahorros españolas en el mismo periodo fue ostensiblemente inferior, ya que «apenas» se cuadriplicó. La entidad valenciana cerró 2006 con un volumen de negocio de 147.783 millones de euros, por los 106.402 de su homóloga alicantina.

La pujanza inmobiliaria

En ambos casos, el crecimiento de la actividad crediticia también se ha multiplicado, en esta ocasión por siete, y, pese a ello, han logrado mantener bajas tasas de morosidad.

Con este caldo de cultivo, no resulta extraño que Bancaja y la CAM ocupen el tercer y el sexto lugar respectivamente en el ranking de las cajas de ahorros por volumen de beneficios netos atribuidos.

En el caso de la primera, los ingresos atípicos obtenidos en 2006 por la venta de su participación en Metrovacesa elevó las ganancias por encima de los 796 millones de euros. Sin embargo, el crecimiento de esta magnitud ha sido una constante desde 1997, cuando cerró con una cifra -99 millones- que hoy resulta irrisoria.

Mientras, la CAM -que también vendió sus activos en la empresa inmobiliaria aunque en el ejercicio fiscal 2007-ha mantenido una evolución más modesta en este parámetro, ya que hace diez años estaba prácticamente a la par con Bancaja -96,6 millones de beneficio neto- y cerró 2006 a gran distancia -334,8 millones-, aunque sin contar en este caso con ingresos extraordinarios.

Aunque las cajas se han convertido en la gran amenaza de los bancos y en actores de primera línea en su sector, su razón de ser les obliga a destinar un porcentaje de sus ganancias a la denominada Obra Social (OBS). Por ello, y en pura lógica, los recursos destinados a tal fin también se han multiplicado, aunque en menor medida que el beneficio o el volumen de negocio. La dotación a la OBS de Bancaja ha pasado de los 22 millones en 1997 a los 72 millones del pasado año, siempre en un entorno del 24% en relación a sus ganancias.

Por su parte, la CAM ha multiplicado por tres la Obra Social y el último ejercicio destinó 57,8 millones de euros.