Ayer fu, hoy fa, mañana ni fu ni fa

POR OBDULIO JOVANÍ
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LEÍ hace algunos años, más algunos que menos, un libro que relata los sucesos (y el posterior proceso penal en la Sala 2ª del Tribunal Supremo) de la que fuera conocida como «la sanjurjada» del 10 de agosto de 1932, un levantamiento contra la II República, muy minoritario, que fue cortado de raíz en la madrugada de aquel día mismo. Preguntado entonces el general Sanjurjo, su cabecilla, que ¿con quién contaba? su respuesta fue contundente: ¡Con usted si hubiese vencido! Sanjurjo, conocedor de la Historia, sabía que tantos son lo que se suben al carro del vencedor, que acaban apretujados como piojos en costura; o como palestinos en Gaza, como parados en el INEM. Lo supo César cuando fue llamado a Roma, recibido con multitudes como héroe... y designado dictador. Los hay que pasan de carro en carro, especialmente al que fuera de su enemigo. Se sustituye con la misma fe la antigua fe, se saca la misma mano de pedir y se canta a grito pelado el nuevo himno. Y eso basta.Todos conocimos a quienes tantas veces dijeron digo y ahora dicen Diego: y aún dirán mañana lo contrario. En los últimos años, la mayor transformación la alcanzaron los que ayer fueron corifeos de una revolución llamando de madrugada en casa ajena no siendo lecheros; y son hoy demócratas de toda la vida...

Mucho de esto se ha recordado ahora que se cumplen 20 años de la caída -del derribo, mejor- del Muro de Berlín. Que lo fue del comunismo, pero en eso, mutis. Y aún antes, que años atrás, «el falcó de Sueca» -Joan Fuster, o sea- escribió en «Serra d´Or»: «Es desolador que no haya intelectuales marxistas dispuestos a explicar las razones y los motivos por los cuales la URSS ha entrado en Praga. Un objetivo que en principio entraba en las reglas del juego: proteger el sistema socialista contra el «desviacionismo» presentado como un primavera liberal, cuando en realidad era una estrategia para abrir una hendidura en el Este». Recuérdese que el pájaro solo hacía unos años que dejó de llevar camisa azul mahón, correaje paramilitar, yugo, flechas... que el 20 de mayo de 1939 ingresó en la Organización Juvenil de Falange Española y de las J.O.N.S. Claro que ese cambio de fe siempre ha sido una constante del hombre. Estuve días atrás en una cena con un personaje que me contó hace un tiempo que cuando la invasión de Hungría por los rusos, el «Movimiento» de entonces organizó una misa de desagravio en la capilla de la Universidad de Valencia, a la que acudió, de uniforme y bota alta, un militante que alcanzó años después la más alta magistratura constitucional. Otro mutis.

Pocos años después vino el autor de «Archipiélago Gulag» y un escritor de moda, Joan Benet, poco menos que pidió que lo encerraran otra vez en las estepas siberianas. Y todo lo dicho lo digo porque con motivo del «20 de noviembre» muchos han aprovechado para marcar ciertas distancias de quienes disfrutaron de su cercanía, ¡que fueron ellos mismos! qué coincidencia. Estos tipos ambiguos, veletas, fluctuantes, equívocos y convenencieros, ayer fu, hoy fa, siempre ni fu ni fa, mutan mucho más que el virus de la gripe. Y sin vacuna.