Toni Subiela - Peus de plom

Se atrapa antes a un mentiroso que a un cojo

«Seguimos esperando meses y meses para que nos den cita en el traumatólogo y llevando a nuestros hijos a dar clase a los mismos barracones del año pasado»

Toni Subiela
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Como dice el refrán que titula el artículo, se atrapa antes a un mentiroso o mentirosa que a un cojo o a una coja. Y es que la sabiduría popular nos sigue dando muestras de su vigencia pasen los años que pasen.

Al principio de legislatura, todos los partidos estábamos de acuerdo con que el principal problema de los valencianos era la tristemente famosa infrafinanciación. Ese injusto reparto que se hace del dinero de todos entre las diecisiete comunidades autónomas y que nos lleva discriminando desde su aprobación allá por 2009 con el infausto Gobierno del señor Zapatero.

Esa unanimidad se ha roto. Para los partidos de la izquierda, los valencianos ya recibimos aquello que merecemos y resulta que es mucho menos, por ejemplo, que lo que se merecen vascos. Solo ha hecho falta que Pedro Sánchez ganara una moción de censura y se pusiera a gobernar con el apoyo de nacionalistas, populistas y hasta pro-terroristas para que el sistema de financiación ya no fuera injusto con nosotros. Ahora resulta que el problema de los valencianos es que no se hayan aprobado unos presupuestos chanchullados en una prisión y que no se han creído ni quienes los redactaron.

Ximo Puig y Mónica Oltra en las Cortes Valencianas
Ximo Puig y Mónica Oltra en las Cortes Valencianas - ROBER SOLSONA

Mientras tanto, entre mentiras, engaños y medias verdades, los valencianos seguimos esperando meses y meses para que nos den cita en el traumatólogo y llevando a nuestros hijos a dar clase a los mismos barracones del año pasado.

Este Consell del Botànic que venía a cambiarlo todo no ha llegado a invertir ni la mitad de lo presupuestado en 2018. Será por esto por lo que ya no hace falta reclamar un nuevo sistema de financiación, porque no ven necesario ni contratar más médicos ni construir más colegios o, al menos, reformarlos.

La corrupción ha manchado la imagen de nuestra tierra durante los anteriores gobiernos populares, también fue una promesa “botánica” el limpiarla, y al modo de Scarlet O’Hara prometieron que jamás volveríamos a pasar vergüenza por ver a un político valenciano imputado. La realidad ha sido tozuda y nos ha ofrecido detenciones, sospechas de financiación ilegal, presuntos trabajadores zombis y denuncias por malas prácticas en la contratación durante toda la presente legislatura.

Promesa tras promesa se han ido incumpliendo todas. Cada una de las que vociferaban en los efusivos mítines electorales, que eran objeto de sus populacheras críticas cuando ocupaban los escaños de la oposición y que saturaron sus discursos al principio de gobernar.

La ética y la estética no solo hay que exigirlas sino aplicarlas. La honestidad también.

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