Ático dúplex en Gandía por 186.000 euros, ¿alguien da más?

LUZ DERQUIVALENCIA. Alejandro Rodríguez es desde ayer el flamante propietario de un apartamento en la playa de Moncófar. Su precio de mercado, 180.000 euros, el de salida 116.000, aunque dos pujadores

Actualizado:

LUZ DERQUI

VALENCIA. Alejandro Rodríguez es desde ayer el flamante propietario de un apartamento en la playa de Moncófar. Su precio de mercado, 180.000 euros, el de salida 116.000, aunque dos pujadores interesados hicieron subir el precio hasta los 128.000. Aún así, estaba feliz, «estaba dispuesto a subir hasta 132.000», reconocía. Y es que este joven, que en breve espera su primer hijo, había estudiado el mercado y comprobado que «en la playa no hay nada que baje de 300.000 euros».

Alejandro fue una de las 120 personas, entre interesados, propietarios y curiosos, que ayer se acercaron hasta el Hotel Ópera de Valencia donde se celebraba la primera subasta inmobiliaria entre particulares abierta al público y que se saldó con un 30 por ciento de los inmuebles adjudicados. Áticos, apartamentos, dúplex, adosados y bungalows, a estrenar o reformados, sin muebles o listos para entrar a vivir, uno tras otro entraron en subasta.

Descuentos de hasta un 40%

Todos salieron con un descuento aplicado de entre un 30 y un 40 por ciento sobre el precio de mercado. Los había desde pisos en Onda por 89.000 euros, hasta un chalé en Torrente tasado en 1.208.300 euros a precio de mercado que podía adquirirse por la mitad (618.000 euros).

Alejandro fue el único comprador en la sala, pero otros muchos habían participado desde internet, donde se podían dar dos tipos de pujas, las de a precio cerrado, sin opción de mejora, y las apoderadas automáticas, que iban ascendiendo hasta un máximo acordado.

La subasta comenzó puntual a las 11 de la mañana y terminó una hora antes de lo previsto. Un chalé en Turis con precio de salida 202.000 euros fue la primera oferta, a la que pronto siguió un apartamento en Moncófar y una casa de Ribarroja. Las pujas, que subían en tramos de 2.000, 3.000 ó 4.000 euros, se sucedieron a una velocidad pasmosa, apenas dos minutos por vivienda.

La mayoría fueron adquiridas por propietarios desde la red y es que ayer eran pocos los que habían ido a comprar ya que la mayoría preferían comprobar primero cómo funcionaba la subasta y la seriedad del proceso, antes de lanzarse a la puja, pero eran muchos lo que no descartaron presentar ofertas en la segunda convocatoria que se celebrará en septiembre. Otros asistentes, eran propietarios que querían comprobar sobre el terreno si su casa interesaba a algún comprador.

Por su parte, Alejandro se estrenaba con suerte en esto de la venta en internet. «Hace dos meses que un amigo mío me contó lo de la subasta», según relató ayer tras formalizar la compra. No lo dudó. Buscó si había algún apartamento en la playa, llamó y fue a visitarlo.

Tras comprobar que se ajustaba a sus intereses, decidió acudir a la subasta con «la esperanza de que nadie más quisiera pujar por él». La subasta comenzó con la descripción del piso, su precio de mercado, el de salida y el consabido «¿alguien da más?». A la oferta de Alejandro siguieron unos segundos de tensión, antes de que se produjera una puja apoderada nueva. El joven no lo dudó y alzó su número para subir la apuesta. Finalmente, con un golpe de maza, el notario confirmaba la adjudicación por sólo 12.000 euros sobre el precio de salida.

En una zona reservada se formalizó la adjudicación en la que el futuro propietario entregó el depósito y se comprometió a establecer el Compromiso de Compraventa con arras antes de cinco días.

«El comprador pone el precio», fue el lema de la primera subasta inmobiliaria entre particulares de Valencia, que se cerró con 36 viviendas adjudicadas entre pisos, chalés y apartamentos en la playa