Archiduque Carles, Joan Laporta

POR: OBDULIO JOVANI
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VAN a ver lo poco que tardan en traer aquí las consultas independentistas iniciadas en Catalonia is not Spain, que ya hay aquí algunos pueblos .cat que tienensu Führer (Fuster), su Mein Kampf (El Nosaltres), su Yo tenía un camarada (La Muixeranga), su Der Angriff (El Temps), su Eje Roma Berlin-Tokio (Catalonia, País Valencià, les Illes), su Wagner (Raimon al vent), su Sieg Heil (Fer País). Por tener tienen hasta sus judíos -els blaveros- para pasarlos de su ortografia a la cámara de gas. Y tienen sus «Reichdozentenführer» (Maestros universitarios del Reich), aquí filólogos de causa en la Academia sufragánea, que tantas veces llama a la puerta de la «Casa Parda» de Barcelona -el IEC- a pedir el «nihil obstat» para algunas cosas que decimos aquí fuera de la norma de allá: que no haya otras normas. Porque, ahi les duele, como escribió Vicens i Vives «ese desescombro de una sociedad feudal saturada de privilegios y privilegiados»; y a ella quieren volver -volen les peres i el sac- porque a algunos la verdad les hace libres y a otros la mentira les hace liberados...

Son muchos años ya que los mesías del catalanismo vienen anunciando la guerra santa, oficiando en ese integrismo fanático de quien defiende la verdad no porque sea verdad sino porque es suya, tal su tic posesivo identitario. Llevan por delante, al modo romano, el lábaro de ¡la ciencia! -otra engañifa como aquella del «SPQR», con un «pueblo» de figurantes a lo Cecil B. de Mille y un Senado que se elegía a sí mismo- y de ella hacen garrote dogmático y no lo que es: «Intento efímero de explicar hechos y no verdades eternas», como escribiera Jung.

No importa que se enseñe de «los Austria» eso del oscurantismo católico -Trento, Inquisición- en llegando a ese «austria» llamado Carles, se cambia el anatema por el hisopo y se le colma de bendiciones. ¿Se les cuenta a los niños que lo primero que hizo el archiduque en Valencia -30 de octubre de 1706- fue instituir una Junta de Gobierno con el objetivo de «el cuydado de establecer el govierno político y plantar en la misma forma la administración de justicia?» ¿Dónde las instituciones valencianas?

Me acerco en el tiempo y cuento de marzo de 1993, cuando tenían taller abierto en el Ayuntamiento de Valencia tres corseteros -Moret, Díaz y Albadalejo- que cortaban, cosían y ponían cinturillas, cogoteras, pretinas, trabillas, trinchas, cierres, clecs, corchetes y presillas, todo el atavío para apretar, agarrotar, arrugar, ceñir, ligar, maniatar uncir y encorsetar la libertad, para devolverle a la E de Valencia la gravedad con que la pronuncian algunos ciudadanos de fuera.

Aquellos acabaron cerrando la corsetería, otros han abierto churrería y les va mejor: se aprieta por arriba la pasta y sale por abajo hecha unos churros. No hay ni que pensar. Y así les ha salido ese acento sumiso y retranqueado. Quedamos a la espera de Laporta -ese libertador-para la consulta independentista de aquí, en cuanto se le pase la resaca de allí. ¡Ven, Joan, Eliseu te espera!