Apagones, mociones y otras «serpientes» de verano

Agosto ha propiciado bastantes cuitas políticas. La posible «responsabilidad» de la Generalitat en cortes de agua y apagones, el intento de la oposición de vincular a Zaplana con Gescartera, el almuerzo de Pla en Deltebre con sus compañeros anti-PHN, las mociones de censura en El Puig y Turís y las habituales peticiones de dimisión son algunos mojones de la crónica política de agosto.

VALENCIA. M. Gasparet
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El encuentro «fin de curso» que el presidente de la Generalitat Valenciana celebró con el primer líder de la oposición -el socialista Joan Ignasi Pla- el pasado 30 de julio certificaba el inicio de una «pax estival» de confrontación política que apenas se mantuvo quince días.

Entretanto, es decir, entre apagones, restricciones de agua, caravanas, accidentes de tráfico y demás vicisitudes del verano, los «imaginarias» de cada formación seguían de cerca la actualidad política y presentaban el parte diario a sus superiores, quienes en alguna ocasión hubieron de mudar la arena de la playa por esa otra arena que -dicen- es la política.

PRIMER ATAQUE

Lo hizo por primera vez el 10 de agosto el portavoz socialista en las Cortes, Ximo Puig. El segundo de a bordo del PSPV rescató el asunto del Ivex, Julio Iglesias y los paraísos fiscales, para reiterar el «Zaplana miente al Parlamento» e instar al Consell a que explicase por qué el presidente de la Generalitat dijo que canceló la cuenta que la empresa pública Vaersa tenía en el paraíso terrenal y fiscal de las Islas Caimán, «cuando en realidad esas inversiones se mantuvieron durante todo un año».

También retomó Puig la veta de la inseguridad ciudadana y el aumento de la «criminalidad en un 30 por ciento» para solicitar la «equiparación de la Polícía Autonómica a los «Mossos d´Esquadra» catalanes», proposición que los socialistas llevarán al debate de Política General en septiembre. No hubo contestación y Puig volvió a holgar en Morella.

También el día 10, las asociaciones de vecinos amenazaron con no pagar a Iberdrola si continuaban los cortes en el suministro eléctrico y, con ello, cedieron otro frente -otra «vía de agua en el bajel de Zaplana», diría Pla- a la oposición. Estrenó esta baza el Bloc, quien no tardó en responsabilizar a la Generalitat. Y la retomaron los socialistas con la andanada que su líder dedicó el 17 de agosto.

«VÍAS DE AGUA EN EL BAJEL»

El secretario general de los socialistas valencianos adelantó el curso político con el Consell aún en bermudas y pareos, con un «desayuno coloquio» con periodistas en el que denunció las «vías de agua del Gobierno valenciano».

Pla pretendió durante su intervención «valencianizar» el caso Gescartera y avanzó que él mismo solicitaría a su Grupo Parlamentario en el Congreso la comparecencia de Zaplana en la comisión de investigación sobre los «porrazos» del inefable Camacho. Pla insistió en que Zaplana ha de aclarar «cuáles eran las funciones del imputado Jaime Morey cuando era asesor presidencial». Pla apeló a la honorabilidad y reputación de la Generalitat y al peso de la tarjeta de visita de Morey para justificar su demanda. El PP ya impidió que este asunto se tratara en las Cortes Valencianas, en una reunión de la Diputación Permanente el pasado 30 de julio. Queda por ver si Ferraz asume las razones de Pla.

El secretario general de los socialistas valencianos también anotó los apagones, los cortes de agua, los casos de inseguridad ciudadana, la falta de capacidad para desarrollar la policía autonómica, la inseguridad vial, la escasez de personal en los centros de salud y hasta los accidentes de tráfico en el «debe» del Gobierno valenciano. Pla tuvo la audacia dialéctica de acusar al presidente de actuar como «agente de Iberdrola».

Pero la veta más importante de la oposición se produjo un día antes, cuando a través del DOGV el Consell anunciaba una remodelación presupuestaria. Los socialistas hablaron de «estiaje» o «agostaje», como nueva forma de «nocturnidad», y aseguraron que el reajuste privaba a Sanidad de inversiones por 5.400 millones para aumentar «los gastos suntuarios de Presidencia».

Pero el pistoletazo de salida al «nuevo curso» político lo dio Pla en la reunión mantenida el día 23 con sus camaradas Marcelino Iglesias, Pasqual Maragall y Francesc Antich en Deltebre. Sobre la mesa, mejillones de criadero, temas varios de «política común» y Eldorado del Plan Hidrológico Nacional. Pla no tuvo ningún empacho en criticar el proyecto de los trasvases en el corazón mismo de la oposición al proyecto. El vicepresidente primero, José Luis Olivas, exigió su dimisión «por ir en contra de los intereses de la Comunidad». Y el representante empresarial Arturo Virosque acusó a los socialistas de «no querer que llegue el agua a la Comunidad». La réplica socialista no se demoró 24 horas, cuando el portavoz del PSPV exigió la dimisión de Olivas por (bis) «ser un agente de Iberdrola».

COCHES QUEMADOS Y MOCIONES

La última semana de agosto fue prolija en escaramuzas políticas merced a ese deporte de alto riego que es la quema indiscriminada de coches -van más de 400, desde que comenzó hace un año la fiebre pirómana- y, otra vez más, las mociones de censura que truecan siglas y nombres propios en las poltronas del poder municipal. Moción contra el PSPV en El Puig (24 de agosto) con el beneplácito del PP y la previsible pataleta socialista (el PSOE solicita la convocatoria de la Mesa contra el transfuguismo a nivel nacional). Y moción frustrada en Turís (día 31), también contra el PSPV, porque el PP «no paga a traidores». La muerte de tres enfermos tras recibir tratamiento de hemodiálisis en el Hospital Virgen del Consuelo (día 29) ha reabierto el debate sobre la calidad en el sistema sanitario.