Curso de gastronomía en el CDT de Alicante
Curso de gastronomía en el CDT de Alicante - JUAN CARLOS SOLER

AlicanteSaber valenciano puntúa igual que un curso de gastronomía para un cocinero de escuela infantil

Ciudadanos recrimina al PSOE por «seguir los mismos criterios que Compromís» para las contrataciones de personal

ALICANTEActualizado:

El grupo municipal de Ciudadanos (Cs) en el Ayuntamiento de Alicante ha revelado que el conocimiento de la lengua valenciana cuenta igual que los cursos de gastronomía para optar a un trabajo de cocinero o ayudante de cocina en las escuelas infantiles, lo que consideran «desproporcionado».

Así, el nivel lingüístico pesa hasta el punto de que el título C-1, grado «mitjà», cuenta lo mismo que un curso genérico de cocina de 65 horas: 2 puntos, mientras que el grado superior de valenciano, C-2, eleva la puntuación a 2,5, lo mismo que un curso especializado en gastronomía. «Nos parece ilógico y del todo desproporcionado para este tipo de trabajo y así lo denunciamos el pasado mes de julio tras una reunión del Patronato de Escuelas Infantiles, pero han pasado los meses, y ante una nueva convocatoria de dicho patronato vemos con suma preocupación que el PSOE mantiene los mismos criterios língüísticos que Compromís, a pesar de la ruptura del tripartido y la salida del Gobierno local de la formación nacionalista que lidera el señor Bellido”, ha declarado el concejal Vicente Buades.

Para turismo, inglés

Además, desde este grupo de la oposición han puesto de relieve que «se da la circunstancia de que para el puesto de director-gerente del Patronato de Turismo, ahora vacante, solo se exige el conocimiento elevado del inglés, lo cual resulta cuando menos paradójico, o incluso contradictorio», han subrayado.

«Lo que están haciendo con la supuesta promoción del valenciano es crear un problema donde antes no lo lo había, en vez de atenerse al sentido común y a la realidad lingüística de cada ciudad, Alicante en el caso que nos ocupa», opinan desde Cs.

Y han concluido recordando que el «último despropósito» es la exigencia del requisito lingüístico para los médicos, incluidas las áreas castellanohablantes, que «está generando un profundo rechazo entre los profesionales sanitarios», según Buades.