Eugenio Calabuig (vicepresidente), Cesár Albiñana (secretario) y Boluda, antes del comienzo de la junta general MIKEL PONCE

Los accionistas locales de Aguas preferirían al Canal como socio antes que a La Caixa y Boluda cree que en un año habrá cambio accionarial y advierte al comprador que «sólo tendrá un 33%»

El presidente de AVSA reconoce contactos con la empresa pública madrileña pero hace explícita la intención de los actuales socios de aumentar su participación

A. C./
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VALENCIA. El grupo Aguas de Valencia (AVSA) celebró ayer una plácida junta general de accionistas, en un momento en el que la empresa (recuperada tras las convulsiones internas de los años 2002 y 2003) vive pendiente ahora de su futuro inmediato, que pasa por un nuevo cambio en su accionariado a corto plazo.

El presidente de la compañía, Vicente Boluda, expresó gráficamente la situación. El fondo de inversión francés PAI (que adquirió en febrero el 33% de las acciones que hasta entonces poseía la también gala Bouygues) «lo va a vender todo, porque es su negocio». Boluda también fijó un plazo. A su juicio, PAI «tardará un año» en cerrar la operación. Un tiempo que, en un operación de tanto calado, se antoja muy breve, lo que ha desencadenado en los últimos meses las negociaciones.

En ese sentido, ha irrumpido con fuerza la opción de que el Canal de Isabel II, empresa pública de la Comunidad de Madrid, pueda acceder a ese 33% del capital que PAI le ha oferecido. Para ello, como viene informando ABC en los últimos días, ya se han puesto en marcha las conversaciones empresariales y políticas pertinentes.

Vicente Boluda reconoció los contactos entre representantes del Canal de Isabel II y los actuales accionistas de AVSA: «Hemos hablado todos con todos y todo el mundo quiere comprar esas acciones, hasta los socios actuales de la empresa, pero de momento nadie compra». El naviero afirmó, incluso, que si por él fuera «compraría el 100%» de las acciones, y minimizó las trabas que puedan suponer los negocios en América y Canarias que PAI incluye en el paquete como condición para vender su participación en AVSA.El presidente de la firma hídrica no quiso exponer públicamente sus preferencias entre la hipotética entrada en el accionariado del Canal de Isabel II o de Aguas de Barcelona (otro de los posibles compradores, cuyo capital está controlado por La Caixa). En ambos casos se limitó a advertir que «tendrían únicamente un 33% de las acciones».

El mensaje de Boluda es generalizado entre los accionistas locales de Aguas, que tienen claro que cualquier empresa que pretenda acceder a la compañía «tendrá que hablar antes con nosotros». Sin embargo, la opción de un desembarco de La Caixa a través de Aguas de Barcelona provoca no pocos recelos en el entorno de la empresa y en las instituciones.

De hecho, ante la tesitura de tener que escoger un compañero de viaje para los próximos años, todas las fuentes consultadas ayer coincidían en apostar por la opción madrileña del Canal de Isabel II, una alternativa muy profesional con vocación de permanencia en el accionariado.

En todo caso, supeditaban el éxito de una posible operación al protagonismo absoluto en la misma de Bancaja, que controla el 19% de los títulos de AVSA a través del Banco de Valencia. La posibilidad de la irrupción de una entidad como La Caixa en el capital de la compañía se interpretaba ayer, a la salida de a junta general de accionistas, como el primer paso hacia un control de la misma, algo que tanto Bancaja (que aguarda los acontecimientos con discreción) como sectores políticos no estarían dispuestos a permitir.

Los accionistas locales, por contra, recelan del carácter público del Canal, y no olvidan la antigua aspiración de ser ellos quienes optaran a la hipotética privatización de la empresa madrileña. Sin embargo, sería necesario, como mínimo, una ampliación de capital de AVSA para poder siquiera soñar con esta opción. No en vano, el Canal factura hasta cuatro veces más que la firma valenciana.

Una «perita en dulce» para invertir

La tercera vía tentada por PAI para colocar sus títulos sería una gran constructora de ámbito nacional, pero la volatilidad de este tipo de compañías, ajenas al negocio del agua, y su escaso vocación de permanencia, genera no pocas reticencias. En todo caso, los resultados de la compañía, que ha superado la crisis que generó los despidos de sus anteriores máximos ejecutivos, y contratos como el de la ciudad de Valencia, la convierten en una «perita en dulce», a la que no le faltan ofertas.