Vicente Vera - CAMBRIDGE CIRCUS

2018: Año de nieves, año de bienes

«Una tasa Tobin a los bancos no es la solución a las pensiones, esto es más populismo»

Vicente Vera
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Recién acabamos de empezar este nuevo año y ya encontramos los primeros cambios importantes en nuestros frágiles cuerpos. Antes de nada quiero felicitarles este nuevo año 2018. Como siempre desearles que sea próspero y feliz. Esto ya depende poco de nosotros mismos y más de nuestro entorno. Lo de próspero lo iremos experimentando día a día o “partido a partido”, como nos enseñó nuestro admirado Cholo, maestro del Atlético de Madrid. Si hacemos caso a nuestro refranero español, podríamos estar en condiciones de augurar un año pletórico de buenas noticias económicas. Si atendemos a la sabiduría popular del refranero español es posible anticipar que los años en los que nieva de manera abundante son años de buenas cosechas y prósperos en cuanto al bienestar para la naturaleza y el medio ambiente, pero siempre con precaución por las placas de hielo.

Eso nos vendrá bien ahora que está de plena actualidad todo lo relativo al cambio climático y, sobre todo, al control de los índices de contaminación medioambiental en las grandes ciudades. De modo que vaya por delante nuestro optimismo por la llegada de estas nieves tan benefactoras para la agricultura y el control atmosférico provocado por las industrias más contaminantes y al uso excesivo del automóvil, y ahí está la alcaldesa de Madrid para corroborarlo. Abundando en esta realidad tan gélida, no olvidamos la repercusión tan favorable que tiene este derroche de nieve en el entorno de las estaciones más importantes de España donde se practican los deportes de invierno y el turismo de temporada. Asimismo y para terminar con este regalo de este poético solsticio, subrayar la importancia que tiene también este enorme caudal de nieve para levantar el optimismo de las gentes y aplacar el pesimismo reinante en los entornos más urbanitas pese a la economía circular. Por lo tanto cuerpos y mentes despejadas por el frío y la nieve pueden contribuir incluso a salir, al más viejo estilo escapista de Houdini, de las fauces de Tabarnia y del ya viejuno procés.

Una vez expresada mi reflexión sobre el tiempo y el frío de estas primeras jornadas del año que está empezando a andar, me gustaría desvelar o mejor explicar el por qué de este título con el que he bautizado esta columna, Cambridge Circus.

Dice Vargas Llosa en su libro -El lenguaje de la pasión- , donde se recogen toda una amplia gavilla de artículos publicados en un diario nacional, bajo el título de Piedra de Toque, “que el nombre se me impuso de inmediato a la hora de bautizar mi columna periodística. Una columna en la que, un domingo sí y otro no, me esfuerzo por comentar algún suceso de actualidad que me exalte, irrite o preocupe, sometiéndolo a la criba de la razón y cotejándolo con mis convicciones, dudas y confusiones”.

En mi caso concreto también me fascinó en su día poder someter a la criba de la razón todas aquellas reflexiones relacionadas con el planeta de la economía en el recorrido diario de la prensa escrita y digital, todo lo que me produce cierta confusión intelectual. Por ello me pareció coherente verter todo pensamiento bajo la sombra y la férula de uno de los economistas más prestigiosos de la historia, el británico John Maynard Keynes y por sus discípulos más leales a su auctoritas: Richard Khan, Piero Sraffa, Austin y Joan Robinson y James Meade. Cambridge Circus es el “nombre que retrospectivamente se ha dado a un grupo formado por sus colegas más jóvenes que habían empezado a reunirse después de que se publicase su obra Tratado sobre el dinero en octubre de 1930“, así nos lo refiere Robert Skidelsky, biógrafo por excelencia de Keynes. Por cierto, absolutamente recomendable la consulta de esa biografía monumental para toda persona que se sienta persuadido o le inquiete el pensamiento y vida de este grandioso economista del primer tercio del siglo XX y que hoy es imprescindible para estudiar y diseñar con su doctrina cualquier programa de política económica de gobierno, tanto conservador como progresista.

Carlos Javier 2018
Carlos Javier 2018

Ahora pasaré a desgranar cuál podría ser mi visión de los hechos económicos para los próximos meses de este recién estrenado 2018. Siempre se puede recurrir a los sesudos informes del Banco de España o bien Caixabank Research así como el clásico estudio de prospectiva que realiza todos los años The Economist. Al menos sabemos que todos coinciden en una realidad, que el comportamiento de la economía española va a ser bueno y potente, que vamos a crecer entre un 2-3% y también gozaremos de la influencia de algún viento de cola como el que nos brinda la política monetaria del BCE con tipos de interés todavía negativos. Esto implicará y/o contribuirá para estimular la creación de empresas nuevas, fortalecer la entrada en los mercados más receptivos de nuestros bienes y servicios y, por ende ayudar a combatir el desempleo y aumentar el número de cotizantes a la Seguridad Social. Esta sería la ecuación de libro para conseguir de una vez que todas las autonomías del país salgan definitivamente de la crisis y se recuperen las cifras anteriores a la crisis de 2008. Una tasa Tobin a los bancos no es la solución a las pensiones, esto es más populismo. Y de esta medicina vamos sobrados. Lo que sí mantengo es la necesidad de acuerdos y consensos para abordar la recuperación del equilibrio fiscal interterritorial y conseguir la aprobación de los Presupuestos.

Con el cisma catalán se abrió el melón del reformismo autonómico, estando todavía sobre la mesa de operaciones para proceder a una intervención quirúrgica que, más bien pronto que tarde, habrá que acometer, antes que el paciente corra el peligro político de agravamiento social y fiscal. No quiero representar el papel de aquellos olvidados arúspices etruscos y luego romanos que conseguían adivinar el futuro mediante un sistema algo macabro hoy en día, como el estudio de las vísceras de algunas bestias o el hígado como herramienta más reveladora de información.

Vamos concluyendo con algunas revelaciones hechas por una de las celebridades globales y mediáticas el exministro de Finanzas del primer gobierno de Tsipras, Yanis Varoufakis, quien nos advierte que no nos dejemos engañar, que la crisis sigue ahí: el euro corre peligro. Acaba de publicar un libro/tocho de 700 páginas, Comportarse como Adultos Ed: Deusto, en las que relata o narra sus peripecias con los gerifaltes de la Comisión Europea. Lo estoy leyendo ahora mismo y les iré contando sus confesiones en próximos artículos.

Es importante también comentar la noticia del Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Cambio Climático, concedido en esta ocasión al economista William Nordhaus, catedrático en Yale (EEUU), y padre de la economía del cambio climático, al desarrollar un modelo que integra las aportaciones de la ciencia del clima, la tecnología y la economía. Esto del cambio climático va en serio, de ahí nuestro título de esta columna respecto al año de nieves y de bienes. Tendremos que repasar las lecciones prácticas de este economista. Y termino con un breve apunte para recordar el segundo aniversario de la muerte de una de las estrellas más fulgurantes del pop-rock internacional, David Bowie. Seguimos atentos a sus letras y sus composiciones musicales que nos dejó para nuestro goce y disfrute; y además les cuento algo relacionado con la economía financiera: Bowie fue el primero en emitir los “bonos de celebridades” o “Celebrity Bonds”. Bonos que fueron respaldados por los derechos de propiedad intelectual convertidos en Bonos Bowie, con vencimiento a 10 años y un interés anual del 7,9%. Esta rentabilidad, obviamente, ya es histórica. En 1997 eran otros tiempos, de hecho, años más tarde, en 2004, también fueron pasto de la crisis. La ubicua Moody´s rebajó su calificación de A3 hasta el escalón Baa3, casi bono basura. Hoy diría, y va de refranes, zapatero a tus zapatos.

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