LOS PASOS PERDIDOS

Puente aéreo en horas bajas

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Hemos perdido un ministro, pero ganamos con la crisis de gobierno, porque el impulso a Zapatero también revierte en la campaña catalana. Ese es el discurso oficial en el PSC ante el cambalache obrado la semana pasada por José Luis Rodríguez Zapatero en su Gabinete, con la excusa de la sustitución, precisamente, de Celestino Corbacho, el segundo ministro catalán y el único que realmente ejercía de tal —lo de Carme Chacón responde más a su integración en el círculo intimísimo de Nueva Vía del que también participan Leire Pajín o José Blanco que a una supuesta cuota catalana del PSC, aunque viene bien para acallar las quejas de la calle Nicaragua—. Pero a estas alturas el despropósito casi diario en el que había derivado la acción del Gobierno era tal que su reforma, recurso incluído a las viejas fuentes del felipismo, ha caído como agua de mayo en las maltrechas huestes del socialismo catalán, intentando sobrevivir aquí a su particular tragedia griega.

Tanto es así que los socialistas catalanes parecen no haber reparado —probablemente es que no quieran— en el roto que les ha hecho Zapatero en el puente aéreo Madrid-Barcelona con la sustitución de María Teresa Fernández de la Vega. Donde antes encontraba José Montilla una voz conciliadora a la que acudir en los peores momentos de negociación de traspasos y desarrollo estatutario, cuando la relación estaba prácticamente rota con Zapatero, se encontrará ahora a Alfredo Pérez Rubalcaba. El mismo que hace cinco años auspició el tanteo a Celestino Corbacho para explorar la posibilidad de reeditar la federación catalana del PSOE ante los desmanes del primer tripartito de Pasqual Maragall, el que tuteló los momentos de mejor relación del Gobierno Zapatero con Convergència desde el Grupo Socialista en el Congreso y veía con más que buenos ojos los pactos ahora nada secretos entre el líder socialista y Artur Mas. Unos tiempos en los que en la calle Nicaragua se hablaba con sorna del «comando Rubalcaba» cada vez que un periodista acudía en busca de confirmación sobre la ruptura casi inminente de los socialistas a uno y otro lado del Ebro.

Ahora, el PSC espera con fruición la visita de Rubalcaba durante la campaña electoral, no en vano es la nueva estrella del firmamento zapateril, mientras se encomiendan al Ministro Blanco como interlocutor en un Gobierno cada vez más distante para un tripartito, ahora sí, con las horas contadísimas y casi nadie que lo defienda.