Sergi Doria - SPECTATOR IN BARCINO

Los que mienten: Brexit & «procés»

Sergi Doria
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En sus Notas sobre el nacionalismo, George Orwell diseccionó en 1945 la falacia abanderada. El nacionalismo, decía, «es sed de poder mitigada con autoengaño. Todo nacionalista es capaz de incurrir en la falsedad más flagrante, pero, al ser consciente de que está al servicio de algo más grande que él mismo, también tiene la certeza inquebrantable de estar en lo cierto».

Diez días después de la Diada con menos seguidores del último sexenio, la presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie, atribuía la mengua al sol y los árboles. En otras diadas más exitosas el factor solar y arbóreo no merecieron comentario alguno de los organizadores, que tampoco cuestionaron las cifras de la Guardia Urbana como en esta edición. La anécdota del perdedor que culpa al árbitro de su derrota nos lleva a la categoría: la impunidad de la mentira.

Mentamos a Orwell y nos referimos al Brexit como una derivación del Ministerio de la Verdad -en neolengua, de la propaganda- que describió -se cumplen setenta años- en 1984. Alianza entre la oligarquía urbana y el chovinismo rural, Brexit y procés comparten las miasmas de la mentira y la manipulación histórica. «Todo nacionalista acaricia la idea de que el pasado puede ser alterado. Pasa la mayor parte del tiempo en un mundo fantástico en el que las cosas suceden como deberían suceder», apunta Orwell.

Cameron prometía que si ganaba las elecciones de 2015 organizaría un referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea. Ganó con mayoría absoluta y, después de jugar a la ruleta rusa -y salir ileso- de referéndum sobre la independencia de Escocia, celebró la consulta del Brexit y reventó la convivencia en su país. Algo parecido sucedió en Cataluña con Artur Mas: para desviar la atención del 3 por ciento y los salvajes recortes en sanidad y educación se hizo independentista y puso fecha a una república catalana que advendría con «astucia».

Otro impulsor del Brexit, el bocazas Farage, reiteró en campaña que 350 millones de libras volaban cada semana del Reino Unido a la Unión Europea para no volver. El cuento de la lechera populista vaticinaba que gracias al Brexit, esa cantidad financiaría el Servicio Nacional de Salud. Después del referéndum, Farage reconoció que no había ningún dato que sostuviera tal afirmación… Pero en la campaña... ya se sabe.

En Cataluña, Mas sembraba la misma cizaña mentirosa. A los 16.000 millones de euros que supuestamente engrosan la deuda del Estado a Cataluña -cuentas y cuentos que Borrell desmontó- se añadía el pensamiento mágico: si se declaraba la independencia, no solo no habría éxodo de empresas, sino que estas se pelearían por radicarse en la naciente república… Más de cinco mil empresas huyeron de la inseguridad jurídica catalana.

También daba por cierto que la Unión Europea reconocería al nuevo Estado, pero nada sucedió el 27-O: de fervientes europeístas, los separatistas pasaron a calificar la Unión Europea -como la Liga de Salvini- de «club de países decadentes y obsolescentes». Lo dijo Puigdemont, ese admirador de Putin.

Volviendo a Orwell, tanto los brexiters como los procesistas creían ser inmunes a las consecuencias de sus mentiras: «Parecen a menudo estar convencidos de la eficacia de la magia simpática», anota. Si no acontece la epifanía, la tribu arremete contra sus antagonistas. Entonces, añade Orwell, acostumbran a «quemar en efigie a los enemigos políticos o de usar sus fotografías como blancos en las garitas de tiro». La ceremonia inquisitorial está muy extendida en la Cataluña separatista: desde Jair Domínguez disparando en TV3 contra la imagen del Rey Juan Carlos a las quemas de fotos de Felipe VI.

Aunque los hombres siempre se desengañan un cuarto de hora tarde -Swift dixit-, la mitología acaba desmentida por una tozuda realidad que no admite explicaciones simplistas e infantiles.

Un informe del gobierno británico que Boris Johnson pretendía silenciar -Mas también silenció que la independencia conllevaba la salida de Cataluña de la Unión Europea- advierte de que el Brexit implica escasez de medicinas y alimentos, colapso del transporte y atascos en los pasos del canal de la Mancha, aumento de precios, fuga de compañías, descenso del Producto Nacional Bruto, inseguridad jurídica de los ingleses que viven en países europeos, subida de tarifas eléctricas a particulares y empresas…

Cuando la verdad se abre paso entre la selva de las mentiras, los respectivos responsables de abrir las cajas de Pandora inglesa y catalana parecen recuperar el seso. Cameron aboga por un segundo referéndum que revierta el mayor error de la historia británica.

Tras dinamitar la convivencia y su propio partido, Mas pretende desinflar con hipocresía convergente el globo independentista. Algunos nacionalistas, concluía Orwell, «no están lejos de la esquizofrenia; viven alegremente entre sueños de poder y conquista que no tienen conexión con el mundo físico».

Enajenados o mentirosos fracturaron la sociedad. Y estos pirómanos pretenderán ahora actuar de bomberos.

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