Daniel Tercero - Dazibao

Miquel Iceta y los tres (no) olvidos

«Los partidos independentistas, principalmente JpC y ERC, abrieron la caja de Pandora y no está claro que, a corto plazo, se pueda cerrar»

BarcelonaActualizado:

El pleno del Parlamento de Cataluña vetó por primera vez, el pasado jueves, la propuesta de un grupo político de designar como senador en representación de la Generalitat a quien cumplía los requisitos técnicos (idoneidad) para su elegibilidad. A Miquel Iceta, primer secretario del PSC, diputado autonómico y con amplia carrera política, se le negó un derecho por sus ideas. Y fue así, pese a que no es por sus ideologías por lo que se debe tener en consideración a los senadores por designación autonómica que acomodan su bagaje en la Cámara Alta. Los partidos independentistas, principalmente JpC y ERC, abrieron la caja de Pandora y no está claro que, a corto plazo, se pueda cerrar.

El martes 7 de mayo, Iceta recibió la llamada del presidente del Gobierno de España en funciones, Pedro Sánchez. Nueve días antes, el PSOE había conseguido la mayoría absoluta del Senado en las elecciones generales. Sánchez pidió a Iceta que asumiera la responsabilidad de presidir la Cámara Alta, y convertirse, así, en la cuarta autoridad de España, solo por detrás del Rey y de los presidentes del Gobierno y del Congreso, por este orden. Pero la oferta tenía que resolver un escollo, aparentemente menor y de mero trámite burocrático. Iceta no era senador. Este tendría que ocupar la plaza que José Montilla ostentaba a propuesta del PSC en la Cámara Alta. En apariencia, la cuestión se centraba más en los tiempos (el Senado se constituye mañana), que en los vetos.

El líder del PSC aceptó la propuesta el miércoles 8 de mayo, por la mañana, tras hablar con varias personas, entre ellas Montilla, que se mostró -según cuentan en el PSC- totalmente dispuesto a poner en marcha la operación Iceta. Ese mismo día, Montilla presentó su renuncia, un año y cuatro días después de su elección por los diputados autonómicos en el Palacio del Parque de la Ciudadela.

Iceta también contactó con Roger Torrent (ERC), presidente del Parlamento de Cataluña, y Quim Torra (JpC), presidente de la Generalitat. El primer secretario del PSC lo hizo por cortesía y para informarles de primera mano de que se debía poner en marcha el proceso de sustitución de un senador catalán por designación autonómica. Minutos después, la prensa digital y las radios daban cuenta de la noticia. Se inició, entonces, la contraofensiva de los grupos independentistas -no sin contradicciones internas y advertencias de errores estratégicos- que vieron en Iceta el objetivo deseado durante muchos meses. Miquel mutó en Pedro para el espejo de los líderes secesionistas. ¿Acaso Iceta contaba con los votos necesarios para ser senador? ¿Qué son la cortesía y la tradición parlamentarias cuando puedes exhibir un trofeo como el de la cabeza de Iceta en una bandeja de plata y enviarla a La Moncloa? ¿No quedaron rotas todas las normas consuetudinarias en el Parlamento de Cataluña durante 2017? Durante ocho días cocieron a fuego lento al mejor aliado de entre sus enemigos.

El pleno, cuyo único punto en el orden del día era tratar la designación de la vacante dejada por Montilla, se celebró el 16 de mayo. No hubo prisioneros -para otro día, la oportunidad perdida por Alejadro Fernández (PP) y Carlos Carrizosa (Cs) para hacerse con el liderazgo de la oposición, una vez que Inés Arrimadas (Cs) partió hacia Madrid- e Iceta vivió uno de los peores momentos políticos de su vida.

Los argumentos esgrimidos por Albert Batet (JpC), Sergi Sabrià (ERC) y Vidal Aragonés (CUP), durante sus intervenciones desde la tribuna de oradores, mostraron claramente el Rubicón cruzado por un secesionismo que sigue sin tener los pies en el suelo pese a que fue derrotado por el Estado de Derecho. Fue a Aragonés al que aplaudieron las bancadas de JpC y ERC, incluido Torra, por lo que sus palabras son el ejemplo de lo que significó el veto ideológico y personal a Iceta. «Lo que estamos es discutiendo sobre una determinada persona, sobre un representante político. Y sobre el representante político, queremos hacer algunas consideraciones. Primera, que no olvidamos que estuvo a favor de la aplicación del 155 y que esta semana ha venido recordando que, si lo ha de volver a aplicar, lo volverá a aplicar. La segunda, no olvidaremos tampoco: que en octubre de 2017 fue en cabeceras de manifestaciones acompañado de la extrema derecha, lo que significa blanquear el fascismo y la extrema derecha. Y la tercera, que tampoco queremos olvidar, es que, señor Iceta, y se lo decimos con todo el respeto, pero también con caracterización política, usted representa lo que ha sido, lo que es y lo que continuará siendo, hasta que acabemos (con él), el régimen del 78».

De los 135 diputados del Parlamento de Cataluña, 65 votaron en contra de lo que piensa Iceta. Desde el jueves, el PSC está enfrascado en las formas: que si el pleno no puede vetar la propuesta de un grupo que sustituye a un senador propio, que si la votación se tenía que haber hecho con papeletas -para evitar los vetos-, que si la Mesa y Torrent no debían haber permitido una tramitación de este tipo... La última palabra la tendrá el Tribunal Constitucional, al que los socialistas acudieron en amparo.

Pero lo grave es el fondo de la cuestión. Las fórmulas mafiosas que rigen los parámetros de los nacionalistas. En palabras de Rafael Arenas: «Hoy le ha tocado a Iceta y al grupo socialista. Otro día será otro, porque lo que es claro es que los nacionalistas quieren utilizar la mayoría de la que gozan en no pocas entidades y administraciones para excluir de ellas a quienes no comparten sus planteamientos. Es por esto que el rechazo a Iceta es una metáfora de algo más general: el propósito nacionalista de controlar de manera férrea toda la sociedad a través de sus instituciones». El intento de quebrar el Estado de Derecho es total. La democracia es, además de sometimiento a la ley, aplicar principios de democracia y pluralismo. Esto, justamente esto, es los contrario al nacionalismo.

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