Manuel Valls y Albert Rivera en un acto en marzo de 2018
Manuel Valls y Albert Rivera en un acto en marzo de 2018 - AFP

Manuel Valls y Ciudadanos, un tortuoso idilio de nueve meses

El exprimer ministro anunció su intención de lanzarse a por la alcaldía de Barcelona en abril de 2018

Manuel Valls ha sido muy crítico con los pactos y acuerdos entre Vox y el partido de Albert Rivera

BarcelonaActualizado:

En septiembre de 2018 Manuel Valls publicó una enigmática imagen en las redes sociales de sus pies pisando las icónicas baldosas grises de Barcelona. La instantánea iba acompañada de un escueto mensaje: «Barcelona...». En ese momento su eventual candidatura a la alcaldía de la capital catalana ya era algo más que un rumor que él mismo fue confirmando paulatinamente en las semanas sucesivas. Anteriormente, sus visitas a la ciudad que lo vio nacer se habían hecho cada vez más frecuentes, así como su participación en actos de Ciudadanos o Societat Civil Catalana.

Finalmente, el exprimer ministro galo anunció su desembarco a la política municipal de la Ciudad Condal por todo lo alto. Lo hizo en un concurrido acto en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona donde explicitó su voluntad de concurrir a las elecciones municipales, celebradas finalmente el pasado 26 de mayo. «Quiero ser el próximo alcalde», anunció ante un gran número de personas y una notable expectación mediática.

Valls asumió el reto de capitanear la batalla por Barcelona después de sumar el respaldo de Ciudadanos, formación que en las elecciones municipales de 2015 obtuvo cinco regidores (Valls obtuvo seis). Sin embargo, el político francoespañol trató de conformar una candidatura de corte transversal, impulsada por el constitucionalismo pero que también lograra sumar sensibilidades más cercanas al PSC o al catalanismo moderado. El partido de Albert Rivera le dio margen para ello y aceptó que su marca desapareciera en la campaña en favor de Valls.

No obstante, el alcaldable no logró sumar grandes fichajes a su lista más allá del exministro socialista y exalcalde de Hospitalet (Barcelona), Celestino Corbacho, o exdirigentes de la antigua CiU como Eva Parera. Paralelamente, empezó un paulatino distanciamiento con la dirección de la formación naranja que se agravó tras las elecciones en Andalucía. No en vano, Valls no ha tenido reparo en criticar públicamente cualquier acercamiento entre Ciudadanos y Vox.

El enfriamiento de las relaciones con el partido que arropó su candidatura municipal cediéndole estructura y espacios electorales fue patente ya en la campaña por Barcelona, en la que la presencia de los dirigentes naranjas fue más bien escasa. Rivera no acudió a ningún acto de Valls e Inés Arrimadas solo lo hizo en dos ocasiones. El distanciamiento llegó a una fase crítica con el disgusto que supuso para parte de la cúpula del partido liberal la decisión de Valls de investir a Colau para evitar un alcalde de ERC. Nueve meses el idilio Valls-Ciudadanos-Barcelona ha acabado definitivamente.