Ferran Mascarell, escoltado por Mas y Pujol en una reunión de CDC en 2012
Ferran Mascarell, escoltado por Mas y Pujol en una reunión de CDC en 2012 - EFE

Ferran Mascarell, el eterno superviviente de la política catalana

Este exconsejal socialista rompió el carnet del PSC cuando Artur Mas lo nombró consejero por segunda vez. Ahora, ha sido renovado al frente de la delegación de la Generalitat en la capital del Estado

Miquel Vera
BarcelonaActualizado:

Ferran Mascarell (Barcelona, 1951) lleva lustros saltando de cargo en cargo. De administración en administración. No en vano, la carrera de este historiador estuvo ligada durante años al PSC, sin embargo, no tuvo reparos en romper su carné en 2010 -justo cuando los socialistas catalanes iniciaban su lento letargo- para unirse al Gobierno Artur Mas. Y al del proceso independentista, que por aquel entonces empezaba a despuntar.

Como consejero de Cultura Mascarell dejó atrás su perfil de técnico para poner el sector al servicio del secesionismo. Su salto del PSC a CiU fue recibido con críticas en su antiguo partido. Se le acusó de «traidor» por «dejarse comprar» a cambio de un cargo en la Generalitat. Asimismo, su llegada al mundo convergente tampoco fue fácil, se le vio como un advenedizo y se vio forzado a redoblar su perfil catalanista para encajar entre sus nuevos correligionarios.

Quienes lo conocen de cerca aseguran que su verdadero sueño habría sido hacerse con la alcaldía de Barcelona con los socialistas. En el PSC no confiaban en él, así que prefirió irse por la puerta de atrás y poner el acelerador a su discurso nacionalista.

En el Gobierno de Mas, Mascarell vivió una etapa de recortes. En 2016, ya bajo la presidencia de Puigdemont, no renovó en el cargo y fue enviado a Madrid como delegado del Govern. Cargo del que fue cesado en virtud de la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española. Ahora, el nuevo Ejecutivo de Quim Torra lo ha restituido y lo ha mandado de vuelta a la capital del Estado.

Mascarell suma ahora un capítulo más en su novela de supervivencia en la política catalana. Siempre en las quinielas para ocupar cargos de enorme relevancia, como la alcaldía de Barcelona o hasta la presidencia de la Generalitat, ahora recala de nuevo en Madrid, donde se enfrentará a la labor de reconciliar al gobierno catalán con la Moncloa, dirigida ahora por Pedro Sánchez. El tiempo dirá si su experiencia como militante socialista suma o resta en esta difícil labor.