La exposición tiene lugar en el Disseny Hub Barcelona
La exposición tiene lugar en el Disseny Hub Barcelona - ABC

Tecnología a escala humana

La Mobile Week arranca con una reflexión en el Disseny Hub sobre la relación entre la tecnología y lo humano

BarcelonaActualizado:

La Mobile Week, una de las actividades paralelas del Mobile World Congress de Barcelona arrancó ayer con la exposición «Nuestra sencilla relación con la tecnología». El sarcástico título propone que el espectador se replantee la relación cotidiana que se establece entre los seres humanos y la tecnología, con especial atención a las inteligencias artificiales.

La instalación acogida en el museo Disseny Hub muestra catorce obras de artistas mayoritariamente jóvenes. Diez de ellos son internacionales y cuatro vienen en calidad de obras invitadas de la colección Beep de Arte Electrónico, anteriormente expuestas en ARCO.

La colección plantea un diálogo entre el pasado, el presente y el futuro del mundo y la sociedad en lo digital, así como ilustrar su impacto. Es indudable que la sociedad está absolutamente inmersa en la tecnología, que hoy es omnipresente hasta el punto de crear una hiperconexión y exposición casi mundial de nuestra personalidad. La obra «The end of emotional privacy» de la artista Martina Solés expresa este concepto con un traje empático que transmite nuestras emociones a otra persona. Esta manera de sentir emociones sintéticas hace reflexionar acerca de si el hecho de tener toda la información sobre una persona en redes sociales e internet puede minar nuestras habilidades de comunicación y empatía. La solución nos viene dada por la misión de la tecnología de simplificar nuestras vidas, pero ¿sabríamos buscar las respuestas nosotros mismos?

El ruído y la sobrecarga informativa que soportan nuestras mentes puede aislarnos de los estímulos externos a la tecnología. De esta forma, el trabajo del artista Eugenio Ampuda, «Try not to think so much» profundiza en el tema de los sobreestímulos que ocupan demasiado lugar en nuestra mente. La instalación presenta unas letras en las que se lee el título de la obra, y que reproducen discursos elaborados de sesudos críticos conocidos. El ruído se puede parar con un botón que emite un sonido plano, o que distorsiona la voz de los críticos con efectos sonoros. El fin es que desconectemos nuestro sentido del oído y nos focalicemos en disfrutar de la belleza visual de la obra que tenemos delante.

«La tecnología nació como una ayuda para la comodidad del ser humano, pero no trabaja sola, tiene el entendimiento que nosotros le demos», cuenta el director de la Mobile Week, Esteban Redolfi, a este periódico.

Máquinas autónomas

El concepto de la autonomía de las máquinas asusta a algunos y emociona a otros. ¿Qué influencia pueden llegar a tener ellas sobre nosotros? Otra de las obras expuestas, en este caso de Adriana Tamargo y Guillermo Escribano, presenta un cambio en el paradigma de elegir un teléfono. En el trabajo «MatchPhone» es el dispositivo el que nos elige a nosotros una vez nosotros optemos por él. Es una decisión bidireccional. El móvil nos hace una serie de preguntas y después decide qué porcentaje de compatibilidad tenemos con él. Si es alta, acepta ser nuestro. Algunas personas en la exposición afirmaron haberse sentido ligeramente decepcionados o tristes porque el teléfono los rechazó. En una prueba personal, el dispositivo mostró un 99,8% de afinidad, y la sensación fue parecida a sacar una nota alta en un examen, una especie de alegría por obtener la validación y la aprobación de un programa de una máquina que realmente no tiene más criterio que los algoritmos.

En definitiva, la exposición plantea qué es lo que queremos de la tecnología. Las innovaciones se copian globalmente de forma estandarizada sin atender a las particularidades de cada sociedad, ciudad o país, y eso lleva al fracaso a muchos proyectos. La respuesta al planteamiento es ajustar la tecnología a las necesidades cada vez más particulares, sin globalización, de cada objetivo. Guiar y moldear estas herramientas, sin dejar que adquieran dimensiones intrasferiblemente humanas como la conciencia o la dignidad, para marcar siempre y sin que se pierda la diferencia y el límite entre lo natural y la mera ayuda al mismo; lo sintético y artificial.