SANT JORDI«True Crime», la dura realidad del crimen

La recuperación de «Helter Skelter», ensayo canónico sobre los crímenes de la familia Manson, encabeza una temporada especialmente fructífera para la crónica negra y el «true crime»

Barcelona Actualizado: Guardar
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La idea del mal es reconfortante porque parece algo ajeno a la gente común, pero las personas que cometen esos crímenes, y que son los que llamamos monstruos, son frecuentemente similares a nosotros. El mal es tremendamente humano. ¿Cómo es posible esa deriva de la normalidad hacia el crimen?». Con estas palabras se despachaba hace un par de años Emma Clime, responsable de lo que entonces fue uno de los fenómenos literarios de la temporada: una novela que, bajo el aparentemente aséptico título de «Las chicas», recuperaba la macabra y espeluznante historia de Susan Atkins, Leslie van Houten y Patricia Krenwinkel, los ángeles demoníacos que Charles Manson convirtió en brazo ejecutor de su verano del horror.

Tres chicas que ejemplifican a la perfección esa «deriva de la normalidad hacia el crimen» a la que se refería Cline y que, rojo sobre blanco, reaparecen ahora que se cumple medio siglo de los sangrientos crímenes de la familia Manson como piezas centrales de «Helter Skelter», monumental ensayo que viene a coronar una temporada en la que el true crime ha dejado una cosecha sencillamente excepcional.

La cosa, es cierto, tiene algo de trampa, ya que el a todas luces desbordante libro con el que el fiscal Vincent Bugliosi y el escritor Curt Gentry desmenuzan hasta la extenuación los macabros crímenes ideados por Manson se publicó originalmente en 1974 (también goza de una lejana edición en castellano de 1976), pero nunca está de más recuperar, como ahora ha hecho la editorial barcelonesa Contra, la obra de true crime más vendida de todos los tiempos. Un libro con más de siete millones de ejemplares despachados que viene a poner de relieve que la fascinación por los crímenes reales no ha hecho más que crecer en intensidad desde que el nombre de un tal Jack The Ripper, Jack el Destripador por estos lares, empezó a asomarse a la prensa londinense de finales del siglo XIX.

Crónica negra basada en hechos rigurosamente reales que tiene en «Helter Skelter» algo así como su piedra angular y un insuperable ejemplo a seguir. Ahí están, sin ir más lejos, las más de 800 páginas de pesquisas, detenciones, interrogatorios, reconstrucciones demenciales, patinazos judiciales y, en fin, todas las claves de cómo Charles Manson envió «desde las llamas del infierno del rancho Spahn a tres robots despiadados y sanguinarios» para que cometieran los asesinatos Tate-LaBianca.

Con todo, y como reconoce el propio Bugliosi, «Helter Skelter» es lo que es precisamente porque los bestiales asesinatos fueron lo que fueron. Una obviedad que, sin embargo, tampoco lo es tanto. «¿Por qué, me pregunto yo, aparecen repetidas referencias a la Familia Manson en “Futurama” o “SouthPark”, por nombrar sólo dos populares series de animación, mientras que, como bien apunta Bugliosi, absolutamente nadie recuerda a Patrick Kearney, el llamado Trash Bag Killer, quien entre 1962 y 1977 asesinó a cuarenta y tres personas (y repartió sus restos en bolsas de basura)?», se pregunta Kiko Amat en el prólogo del libro. Quizá la respuesta sea que, después de todo, ningún novelista podría haber inventado de la nada esos siete crímenes, asesinato de Sharon Tate incluido, que acabaron de forma abrupta con el Verano del Amor acuchillando los sueños de paz y harmonía del hippismo el 9 de agosto de 1969. O, sencillamente, que todo lo que rodeó a la familia Manson fue tan extraño, demencial y desconcertante que necesita de una profunda investigación como la Bugliosi para intentar encontrar un ápice de sentido.

El caso es que, recuperado en castellano justo a tiempo para preparar el estreno de «Once Upon a Time In Hollywood», película con la que Quentin Tarantino también se acerca al verano sangriento de Manson, a «Helter Skelter» le ha salido dura competencia en forma de memorias familiares disfuncionales. En concreto, las que Astrid Holleeder ha escrito bajo el título de «Judas» (Roja y Negra) para relatar cómo y porqué traicionó a su hermano, el gánster holandés Willem Holleeder, conocido por un largo historial de extorsiones y asesinatos además de por el secuestro del magnate cervecero Freddy Heineken. Una reputación que sus abogados se habían encargado de barrer bajo la alfombra pero que Astrid, junto a su hermana Sonja, ha aireado ahora en un libro que suma ya más de medio millón de copias vendidas en Holanda.

A «Helter Skelter» le ha salido dura competencia en forma de memorias familiares disfuncionales como «Judas» o precisos relatos de crónica negra como los de David Grann

Una confesión desgarrada tras la que se esconden no sólo las andanzas criminales de Willem, sino también un padre extremadamente violento y un larguísimo historial de maltrato familiar. «Me parte el corazón haberte encerrado, pero créeme cuando digo que estoy ahí dentro contigo. Te condenaré a cadena perpetua, pero yo también la sufriré. Tendré una vida llena de miedos, hasta que llegue mi hora (...) Me habría gustado que las cosas fueran diferentes, pero no me dejaste alternativa», escribe Astrid en un descarnado relato que no ha dejado indiferente a Steven Spielberg, cuya productora ya prepara una serie para Netflix.

Impulso audiovisual

Precisamente la multiplicidad de formatos y el reinado de las plataformas digitales y los servicios de streaming ha revitalizado un género, el de los crímenes reales, que ha protagonizado hitos recientes como «The Jinx», «Making A Murder» o «The Ted Bundy Tapes» y ha propiciado la aparición de ficciones inspiradas en casos reales como «Mindhunter» y «Manhunt: Unabomber». Audiovisual ha sido también el espaldarazo que ha recibido David Grann, reputado periodista de «The New Yorker» y uno de los grandes del true crime estadounidense cuya cotización, al menos por aquí, ha subido como la espuma después de que Robert Redford haya protagonizado la adaptación cinematográfica de «El viejo y la pistola». La historia, el caso real de un ladrón de bancos que cometió su último asalto a los 80 años, es una de las que forma parte el libro de título homónimo -«El viejo y la pistola», (Literatura Random House)- que confirma a Grann como uno de los autores con mejor olfato para detectar el potencial narrativo de algunos crímenes reales. Es el caso, por ejemplo, de «True crime: el misterio de un asesinato posmoderno», la investigación de un crimen real a partir de las pistas que fue deslizando en una novela el principal sospechoso; y también de «El camaleón», donde Grann sigue las andanzas de Frederic Bourdain, un impostor francés que se hace pasar por un chico desaparecido en Texas y se acaba infiltrando en su familia. No acaba ahí la cosa ya que, además de «El viejo y la pistola», también se acaba de publicar «Los asesinos de la luna» (Literatura Random House), absorbente crónica sobre la oleada de asesinatos que azotó en los años veinte a la comunidad india de los osage, a quienes la explotación de los pozos de petróleo escondidos en las tierras de su propiedad en Oklahoma convirtió en millonarios.

El círculo del true crime y la incansable búsqueda de la verdad lo cierra, por el momento, «El asesino sin rostro» (RBA), sobrecogedora historia que recoge la investigació que la periodista Michelle McNamara llevó a cabo para poner cara al asesino que aterrorizó a California entre los setenta y los ochenta y al que la propia McNamara bautizó como Golden State Killer. Un minucioso repaso a informes policiales, entrevistas con víctimas y pesquisas variadas que se acabó convirtiendo en una inesperada tragedia. Y es que hasta tal punto se obsesionó McNamara con dar caza al asesino que falleció de un infarto a los 46 años mientras terminaba un libro que se publicó a título póstumo.