Salvador Sostres - Todo irá bien

Ganar del día

«De momento procuro ir a desayunar cada día que puedo: me gusta mezclarme en su ambiente, en su aire como de vida resuelta antes de afrontar la jornada»

Salvador Sostres
BarcelonaActualizado:

Por mi querido Roberto Ferrero -rico- conocí las Mantequerías Pirenaicas, en Muntaner frente a la plaza Adriano. Soberbia granja donde desayuna la derecha. Incluso en lo funcional -y Mantequerías no es el bar del Círculo del Liceo- hay una estética, un ritmo de la derecha. Los camareros son más amables, más sonrientes, saben los nombres de los clientes, sirven más delicadamente y entienden que el desayuno es el momento más íntimo, más sagrado, y no dan conversación a quien no la pide, ni hacen preguntas innecesarias, ni hay que repetirles las cosas dos veces porque todo lo entienden a la primera y lo ejecutan muy rápido.

En Mantequerías el servicio tiene todas estas características y los bocadillos responden a la misma lógica. El pan es tierno, nunca de ayer, el jamón no escasea y es ibérico. Hay una generosidad en los productos proporcional a la diligencia de los camareros. Nunca he almorzado ahí, pero dicen los que lo han hecho que el cocinero se formó en Hofmann y es excelente. Hablan en su favor las conservas que usa, Peperete, y una selección de vinos jamás vista en una granja que sirve desayunos. Espero poder poner en breve a prueba el tan celebrado talento del chef, y daré en esta página cuenta de ello.

De momento procuro ir a desayunar cada día que puedo: me gusta mezclarme en su ambiente, en su aire como de vida resuelta antes de afrontar la jornada. Me gustan los pijos con su aire un poco estúpido, porque yo siempre les he presumido un buen corazón: y en cualquier caso prefiero a un estúpido que a un resentido, y un exceso de gomina a un recital de mugre. Me gustan también las señoras que frecuentan la casa: ya de una cierta edad, pero con un plus de clase que las hace parecer más jóvenes. Y esa piel de las cuincuentonas que se la han cuidado con los cosméticos adecuados me parece también muy interesante, aunque no supla la tensión -esa tensión- de los veinte años.

Al local, cómodo dentro del bullicio, y muy bien cuidado, le sobra iluminación. Tiene algo de pabellón multideportivo. ¿Para qué tanta luz? Como si tuviéramos que ver si es penalti. Fácil de corregir este detalle. Le dará más calidad al ambiente y un mejor bienestar a los clientes. Desayunar en Mantequerías Pirenaicas es empezar el día habiéndolo ganado.

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