Carmen Alcaraz del Blanco posa con el libro "Cocina Viejuna"
Carmen Alcaraz del Blanco posa con el libro "Cocina Viejuna" - PEP DALMAU

Carmen Alcaraz del Blanco, en pos de las recetas de la abuela

La historia gastronómica de España está escrita en sus recetarios caseros

Ana Luisa Islas
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Antes de entrar de lleno en el campo de la comunicación gastronómica, Carmen Alcaraz del Blanco trabajó como gestora cultural en la Embajada de España en Eslovaquia. La escritora, periodista y gastrónoma es licenciada en Humanidades y tiene formación posterior en comunicación corporativa, gestión cultural, patrimonio gastronómico y corrección de textos. En aquel ciclo de 2010-2011, en Bratislava, la primera medida que realizó delató el destino que le aguardaba al doblar la esquina: compró libros de gastronomía y montó una sección culinaria, que no existía en la biblioteca. Simone Ortega, Néstor Luján, Álvaro Cunqueiro y Juan Perucho son algunos de los autores de sus adquisiciones. «No tenía ni idea de que me dedicaría a esto, pero ya era bastante “friqui”», señala. «Si me dicen entonces que dos o tres años después tendría una sección radiofónica o una columna en El País Semanal, me hubiera caído de la silla… y hubiera pedido más libros, claro», bromea.

Si tuviera que crear una biblioteca gastro en cada casa, incluiría también el «Larousse Gastronomique»; «Contra los gourmets», de Manuel Vázquez Montalbán; «El arte de comer», de Mary Francis Kennedy (MFK) Fisher; «Historia del Paladar», de Paul Freedman; así como «Cocina Viejuna», de Ana Vega. Precisamente es con la periodista Ana Vega con quien Alcaraz del Blanco se ha planteado preservar y divulgar los recetarios familiares y domésticos de toda España. Al parecer, la biblioteca de una embajada le quedaba pequeña.

«Biscayenne (Ana Vega en las redes) quería hacer algo firme y serio con los recetarios, que son su fuente diaria de información, además de que recibe muchas capturas de obras domésticas de sus lectores de Vocento», explica sobre el origen de Los Recetarios (www.losrecetarios.es). «Yo, por mi parte, llevo tiempo interesada en la hermenéutica de las recetas, todo aquello que ocultan», agrega. En junio, retomaron el tema y le dieron forma. «Ana brindó la mejor dinamita, yo encendí la mecha», dice, mientras sonríe. Y vaya que si hubo explosión. Desde que la web y las redes del proyecto vieron la luz, las especialistas han recibido varias joyas, entre ellas, el recetario de 1893 de la bisabuela del periodista gastronómico Ignacio Medina, Guadalupe Rozas, de Burgos, o la receta de unas rosquillas de la suegra de la dueña del Bar Satorre, de Ezcaray.

Es en Ezcaray que este fin de semana se realiza el primer encuentro de Los Recetarios, bajo el cobijo del festival gastronómico Mama, que busca reivindicar la cocina de las madres. «Las recetas de casa son huellas de la memoria personal, familiar y comunitaria», explica Carmen. «Son identidad, territorio, ciencia, gusto, celebración y rutina, son fuentes para la historia, la alimentación, la lingüística, la antropología y la economía», puntualiza. Más de uno se habrá levantado ya de la silla a buscar el recetario de su propia abuela, para ver si tiene razón. Eso desata Alcaraz del Blanco, no solo a raíz de su proyecto, sino de todo lo que comparte, todo lo que conoce a fondo y la curiosidad que todo ello genera en sus interlocutores. ¡Una delicia!

«Muchas mujeres solo escribieron recetas en toda su vida, nada más», sentencia. Ambas periodistas también son creadoras del proyecto #Gastrónomas, que reivindica a las mujeres profesionales, y no profesionales, del pasado y del presente, vinculadas a la alimentación y a la restauración, lo cual incluye, en la mayoría de los casos, a las abuelas y bisabuelas de casi toda España. «Las mujeres que escriben o escribieron recetas, son autoras y su obra debe ser motivo de celebración», puntualiza. «Cada vez que leemos una receta doméstica, damos voz a quien no la tuvo, nos permite conocer mejor a los que nos precedieron y, por tanto, a nosotros mismos», agrega. Con Los Recetarios, las jóvenes quieren «empujar a “chafardear” y a valorar los apuntes en cajones, estantes, tal cual están, en cualquiera de sus soportes, llenos de manchas o de errores ortográficos, con su manera de medir las cantidades, variantes dialectales y su caligrafía única».

¿En qué va a terminar esta aventura? No lo sabe, le gustaría que, en cinco años, Los Recetarios hayan dado la vuelta a España «dos veces». Al preguntarle si podrían vincularse con la Bullipedia, el proyecto con el que Ferran Adrià pretende desglosar el «genoma» de la cocina, Carmen se pone seria. «Ellos gozan de recorrido y una estructura importantísima, nosotras acabamos de empezar y no tenemos otra herramienta que nuestro ordenador», explica, invitando a quien quiera sumarse, no solo del equipo de Adrià. «Ojalá algún día podamos aportar a su biblioteca y desarrollo nuestro granito de arena, porque un fondo documental como el suyo no debería prescindir de lo doméstico», especifica. «Tenemos la misma misión: documentar y preservar la gastronomía», agrega. Quién hubiera pensado que para escribir la historia gastronómica de España solo hacía falta buscar en el anaquel desvencijado de la cocina del pueblo. ¡Toma eso Ferran Adrià!