El teatro El Molino es un símbolo de Barcelona
El teatro El Molino es un símbolo de Barcelona - ABC
Un libro para Jaume Collboni

Un Paralelo con pocas luces

«Ninguneada por el pujolismo al no conjugar su cultura bilingüe y obrera con la dogmática «construcció nacional», el Paralelo tampoco encontró apoyo en las décadas de mandato de un PSC acomplejado por el nacionalismo»

BarcelonaActualizado:

Pese a la remodelación urbanística que ejecutó el alcalde Xavier Trias, la avenida del Paralelo sigue siendo una de las arterias más olvidadas de ese organismo urbano que es Barcelona.

Convertido por el porciolismo en vía de coches, ninguneada por el pujolismo al no conjugar su cultura bilingüe y obrera con la dogmática y unívoca «construcció nacional», el Paralelo tampoco encontró el suficiente apoyo en las décadas de mandato de un PSC acomplejado por el nacionalismo. El resultado es un paisaje de solares como el del antiguo teatro Martínez Soria -antes Talía- y la ruindad del Arnau que nadie acaba de recuperar.

Para conocer lo que fue el Paralelo y el por qué de su necesaria revitalización, nada mejor que rescatar «El Molino» de Sebastián Gasch. Un viaje a los orígenes de aquel Paralelo que el ayuntamiento rotuló en 1894 como Avenida del Marqués del Duero a propuesta de Víctor Balaguer, también autor del nomenclátor del Ensanche. Lector aventajado de Luis Cabañas Guevara -pseudónimo de Mario Aguilar y Rafael Moragas-, Mario Verdaguer y Ángel Zúñiga, promotor de las vanguardias artísticas en el Manifest Groc junto a Dalí y Montanyà, Gasch ya advirtió en 1972 de la decadencia del Broadway de la Ciudad Condal.

Pabellón Soriano, Arnau, Pompeya, Cómico, Olympia, Condal, Talía, Apolo, Español, Victoria… Y Amichatis, Sugranyes, Raquel Meller, José y Mary Santpere, Alady, Bella Dorita, Johnson, Tania Doris, Luis Cuenca, Lita Claver «La Maña»… No pretendemos que hogaño guste lo mismo que hace un siglo, pero sí que el ayuntamiento venidero reactive, de acuerdo a los ocios actuales, una avenida que en estos momentos cuenta con una espléndida oferta gastronómica -Adrià y compañía- en el tramo próximo a la plaza de España. ¿Quién apostará finalmente por rehabilitar el Arnau? ¿Quién desencallará el porvenir del solar del antiguo Martínez Soria? ¿Quién dotará al Paralelo de la luminosidad que precisa una avenida del espectáculo?

Nos gustaría que el candidato Collboni enmendara la inacción de sus antecesores municipales. Que se acerque al Arnau, junto a la humilde estatua de Raquel Meller, la estrella que fue portada de la revista Time cuando Barcelona estaba en el mapa internacional de los café-conciertos y cabarés. Cuando Chaplin puso las notas de «La Violetera» a «Luces de la ciudad». Porque es eso, la falta de luces, lo que condenó al ostracismo a esa avenida que fue el paraíso de la cultura popular, digna de tal nombre.