Artur Mas gana la batalla de las encuestas

Si se cumplen las predicciones, PSC y ERC deberán afrontar agudas crisis internas mientras preparan las municipales

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Si las elecciones catalanas se hubieran celebrado a lo largo de la semana pasada y a través del cuestionario telefónico, CiU sería el claro vencedor de los comicios. Y si se cumplen estas previsiones, podría plantearse perfectamente gobernar en solitario, sin más hipotecas que las derivadas de la crisis, el riesgo de colapso financiero y las telarañas en las arcas públicas. La herencia del tripartito es una Cataluña convertida en zona cero de la crisis y una administración con claros síntomas de elefantiasis, desbordada por sus compromisos y una lacerante falta de liquidez.

Las calas socio-estadísticas persisten en detectar los mismos movimientos de fondo y con idéntica intensidad. Descartado el mimetismo a conciencia entre los encuestadores, la cocina mediática, si la hay, es tan minimalista que la cocción se limita a una gota de limón sobre el filete. En la realidad paralela de los últimos sondeos, CiU pasa de 48 a una horquilla entre 60 (ABC) y 65 (El País y La Vanguardia); el PSC caería de los 37 a los 30 (El País) o los 31/32 que le predicen los sondeos de La Vanguardia y ABC. También coinciden las encuestas en atribuir al PP el tercer puesto, con una fotografía prácticamente idéntica a la de hace cuatro años (13/14 diputados, según El País; 14 para La Vanguardia y 15/16 en ABC). El descalabro de ERC es otra de las líneas conjuntas de la prospección demoscópica. Pasaría de los 21 escaños actuales a moverse entre los 8/9 (El País) o los 10/12 (La Vanguardia). En el sondeo de ABC, ERC quedaría con 11 diputados. La caída es tan brutal que tanto para ABC como para El País, pasaría al quinto puesto, por detrás de los 12/13 escaños que según este diario atribuye a IC y los diez de El País. Para La Vanguardia, IC pasaría de los doce diputados de la actualidad a una horquilla de 9/10, pero por debajo de ERC.

Laporta, desaparecido Quien no capitaliza el naufragio independentista es Laporta. Sólo la encuesta de El País le atribuye con toda seguridad presencia en el Parlament (1/3 diputados). Tanto en ABC como en La Vanguardia, Laporta se mueve en el alambre (0/1) sin que su alto grado de conocimiento (superior al de todos los candidatos salvo Mas y Montilla) le ayude a superar el encasillamiento entre las listas «frikis». Descontada la de amplia a suficiente victoria de CiU, las buenas noticias caen del lado de Ciutadans, que podría pasar de los actuales 3 a los 6/7 diputados (El País). ABC le atribuye 5, lo que le permitiría disponer de un grupo propio y La Vanguardia reduce sus expectativas a los cuatro escaños.

En cualquier caso, un éxito que tanto podría interpretarse como una desmovilización de los grandes partidos o como el máximo punto de ebullición de una formación que capta votos en las áreas más frías del PSC y del PP. Un discurso sin contradicciones y el tirón de Albert Rivera (escasamente contaminado por la retórica política y capaz de poner en apuros a líderes mucho más experimentados) se apuntan como contrapesos a la división interna en Ciutadans y la aparición de la competencia en la candidatura de Unión Progreso y Democracia (UpyD), la formación de Rosa Díez y Antonio Robles marginada en las encuestas.

Reajuste drástico Si la realidad acaba pareciéndose en algo a estos sondeos, la conclusión obvia es que CiU no debería tener muchos problemas para gobernar en solitario en un contexto en el que las formaciones del tripartito estarían en agudos procesos de reajuste, como mínimo. Podría mirar al PP, con un apoyo estable pero de vuelta al tercer lugar (el puesto bisagra) en las preferencias políticas de los catalanes, un dato que podría suavizar los perfiles nacionalistas de la política catalana, que se juzgaban mayoritarios. Pero esa es ahora mismo una posibilidad tan remota como que CiU, en este marco virtual, optara por una sociovergencia que estaría entre las preferencias de los catalanes siempre que no quedara más remedio. El tránsito popular desde el 2004 ha pasado por el más duro aislamiento político al que se ha sometido a una fuerza política en la historia de la democracia. El Pacto del Tinell, la institucionalización del cordón sanitario, han tenido un reflejo en el trato dado al PP en los medios de comunicación, que ha llegado a oscilar en los peores momentos entre la conmiseración y el desprecio. En ese escenario, los resultados populares serían más una prueba de resistencia que de estancamiento. El significativo descenso del PSC da a la estabilización del voto popular en Cataluña mayor valor en clave de elecciones generales.

Más o menos coincidentes estas encuestas con las que manejan los partidos, entre los socialistas ha cundido la teoría de que el voto oculto y una movilización de última hora podrían matizar mucho la derrota. En ERC, por contra, el pesimismo parece haberse adueñado de los líderes implicados en la campaña. No obstante, también se confía en que haya un retorno de electores a ERC ante la constatación demoscópica de que las otras formaciones que se disputan el espacio, Solidaritat Catalana y el Reagrupament de Joan Carretero, no son las que se reparten el voto republicano.

Pragmatismo a la fuerza Caso de producirse el reequilibrio electoral que predicen las encuestas, la política catalana podría experimentar agudos cambios, entre ellos una descalificación general de la tensión independentista expresada en las consultas soberanistas, así como el retorno al posibilismo, una estrategia más adecuada a la crisis que el enfrentamiento por sistema practicado en los últimos cuatro años. Superado el escenario del Tinell, a CiU le tocará ejercer el pragmatismo a la fuerza, dada la proximidad de las elecciones generales. Una vez sepa con quien tiene que negociar el pacto fiscal se podrá detectar el verdadero alcance de miras de la federación liderada por Artur Mas. Entre tanto, debería tener bastante con aplicar una drástica reducción de una Administración inspirada por Pujol y agigantada hasta casi el colapso en siete años de tripartito, al que las encuestas no dan ninguna opción. No obstante, su sombra planea como hipótesis que no se puede considerar descabellada.

PABLO PLANAS