El Estatut cumple cinco años en el más profundo olvido
Artur Mas y José Luis Rodríguez Zapatero, en marzo de 2006, tras aprobarse el Estatut en el Congreso - I. GIL

El Estatut cumple cinco años en el más profundo olvido

El único «padre» de la reforma que sigue en activo, Artur Mas, da por superado el texto y ahora está volcado en el pacto fiscal

BARCELONA Actualizado:

El actual Estatuto de Autonomía de Cataluña, protagonista de uno de los procesos de reforma más tortuosos que se recuerdan en España, entró en vigor el 9 de agosto de 2006. Cinco años después, está sumido en el más profundo de los olvidos. Para los nacionalistas, el texto nació con vejez prematura. Para los independentistas, siempre fue insuficiente. Para los autonomistas, se trata de un intento de secesionismo encubierto. Y para los socialistas, principales impulsores del proyecto bajo los gobiernos tripartitos de Pasqual Maragall y José Montilla, ha sido uno de los motores de su decadencia; a nivel nacional —el presidente José Luis Rodríguez Zapatero crispó a sus propios barones concediendo «privilegios» para Cataluña— y catalán —el PSC fue incapaz de hacer cumplir sus promesas al líder del PSOE—.

De los «padres» del texto catalán, sólo Artur Mas permanece en activo. Pasqual Maragall (PSC), Josep Lluís Carod-Rovira (ERC) y Joan Saura (ICV) fue relegados por sus respectivos partidos y sus herederos, además de manifestarse muy airadamente en julio de 2010 contra la sentencia del Tribunal Constitucional (TC), que rebajó las altas cotas de autogobierno que se arrogó Cataluña, han hecho varios llamamientos al desacato judicial, sobre todo en materia de lengua, pues el fallo del Alto Tribunal dio lugar a varios pronunciamientos del Supremo en los que se advierte de que el catalán no puede ser considerado como un idioma preminente por encima del castellano.

Uno de los valedores de esa insumisión judicial es el propio Mas, cuyo gobierno no piensa tocar ni una coma de leyes como la de educación, acogida, cine o consumo, para adaptarlas a la sentencia del TC. Pero quien se jactó en muchas ocasiones de haber convencido a Zapatero de las bondades del Estatuto en una reunión en la Moncloa que enrrabió a PSC y ERC, da hoy por superada esa fase estatutaria y el nuevo modelo de financiación derivado de la misma, y ahora centra todos sus esfuerzos en lograr para Cataluña un concierto económico similar al que tienen País Vasco y Navarra. Un proyecto que no contemplan ni el Estatuto ni la Constitución pero, como dicen los nacionalistas, tampoco lo prohíben. Y ese será el peaje que deberán pagar PSOE o PP si quieren gobernar con el apoyo de CiU. El pulso catalán continúa.