Diario de la crisis sanitaria catalana
Centro de Salud de Drassanes - I. B.

Diario de la crisis sanitaria catalana

Una doctora denuncia en una carta abierta a la Generalitat la precaria situación en su ámbito

ESTHER ARMORA
BARCELONA Actualizado:

No estoy cansada, estoy profundamente triste y preocupada». Estas palabras de Francesca Zapater, médica de primaria desde hace treinta años, definen el sentimiento de miles de facultativos catalanes que día a día ponen nombre y apellido al drama de los recortes en este terreno. En una carta abierta dirigida a las autoridades sanitarias, Zapater relata una frenética jornada en su ambulatorio. Su relato es la mejor radiografía del delicado momento que atraviesa la sanidad pública de esta Comunidad. Pacientes angustiados por perder su puesto de trabajo que le piden que no les extienda la baja (algunos de ellos con dolencias graves), otros con rinitis severa que han esperado más de un año para acceder al especialista o personas con problemas respiratorios crónicos que desde hace meses no tienen luz ni calefacción son algunas de las fotografías que nos deja su impactante jornada. «Es el pan de cada día», apunta la doctora, quien destaca que «pese a todo, la atención primaria sigue siendo resolutiva». En declaraciones a ABC, la facultativa reclama un cambio en la gestión sanitaria que pasa por más recursos y más autonomía de gestión económica y clínica para los profesionales. Esta es la secuencia de parte de su dura jornada, contada en forma de diario en su carta a las autoridades.

Primera visita: «Doctora, vivimos tres de mi media jornada».Empieza las consultas a las 8 horas con una paciente de 50 años aquejada de diarreas crónicas. «Recibo el resultado de una colonoscopia y debo comentárselo. En solo dos minutos le digo que era normal». A partir de aquel momento, la visita se convierte en una sesión de apoyo emocional. «La mujer me explica su difícil situación en casa. Me comenta que tres personas viven de su media jornada y que a fin de mes le pide ayuda a su madre, que vive de una pensión de viudedad».

Restricciones en medicación: «Es injusto que solo me receten agua para la gripe».Las siguientes visitas son pacientes con cuadros gripales. «Les atiendo como es debido, aunque uno de ellos me comenta: “Es injusto que me receten solo agua para la gripe”».

Largas esperas: un año esperando visita al alergólogo.Un joven acude a su consulta a buscar una solución para la rinitis. Comenta a la facultativa que hace un año que espera visita para el servicio de Alergología. El «tijeretazo» sanitario ha aumentado las esperas en muchas especialidades, y se prevé que este año sigan aumentando.

Descoordinación con hospitales: «Allí no me han dicho nada».«Atiendo después a una señora que me reclama una analítica que le había solicitado el médico de un hospital. La mujer no ha entendido que era en ese mismo centro donde debían hacérsela porque, según dice, allí estaban desbordados y no se lo han explicado bien», apunta Francesca, quien denuncia la falta de comunicación con el área hospitalaria. Los continuos ajustes en las plantillas han restado eficiciencia a los centros, situación que impacta en el paciente y provoca duplicidades en el sistema.

Miedo al despido: «¡Doctora, por favor, no quiero la baja!».Después del caos de la analítica llega una joven a la que ella misma había derivado hace dos días al oftalmólogo por una sospecha de desprendimiento de retina. «Me da el informe del especialista que confirma mi diagnóstico y rompe a llorar porque dice que su empresa va a echarla si coge la baja. Hemos planteado fórmulas para abordar el problema», apunta.

Disfunciones del sistema: muere el marido y se queda sin receta electrónica.Muchas mujeres que enviudan se quedan sin receta electrónica y en una situación de desamparo, que ha denunciado el Foro Catalán de Atención Primaria (Focap). «Le hago unas recetas extras porque no tenía acceso a las recetas desde que enterró a su esposo», dice.

Caos en la programación: con la nariz fracturada y sin visita.«Veo a una joven con una fractura nasal importante a la que no le daban visita en el hospital, pese a que le aseguraron que le harían un seguimiento», explica la médica. Añade que ha tenido que llamar ella al servicio de atención al usuario para resolverlo.

Profesionales al límite. «Solo le miro el brazo». La máxima del ahorro se impone en los hospitales. La falta de recursos desgasta la profesionalidad de algunos facultativos, desbordados por la cantidad ingente de visitas. Una de sus últimas pacientes da fe de ello. Le pide un volante para una silla de ruedas para su madre, afectada de artrosis avanzada en rodillas. «El traumatólogo no se lo ha hecho porque solo le miraba el brazo».

Descontrol en las consignas. «Un paciente que viene de una mutua me pide cuatro medicamentos desaconsejados por la sanidad pública», apunta la facultativa.

Fin de jornada. Cansancio y decepción. «Acabo la jornada agotada y leo que la Generalitat quiere que seamos más resolutivos. Les invito a que pasen consulta conmigo un día, si me lo permiten los pacientes», concluye.