Crece la presión sobre Blanco para que dimita

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MADRID

El vicesecretario general del PSOE, José Blanco, no estuvo anoche en el salón de actos de UGT, como tampoco estuvieron Zapatero o que el secretario de Organización, Marcelino Iglesias, porque, como organizadores del 38 Congreso, se han autoimpuesto máxima «neutralidad» en la batalla por el liderazgo. Pero, aunque hubiera podido ir, quizá Blanco no lo habría hecho en estas horas bajas que está pasando a raíz del «caso Campeón». Por la mañana tuvo que desayunarse con unas declaraciones de la exministra socialista Cristina Narbona, antes «rubalcabista» y ahora en las filas del «chaconismo», en las que aseguraba que si fuera él, tras haber admitido a trámite el Tribunal Supremo, la querella, ella dimitiría. Cuando un diputado resulta imputado, justificó, «debe separarse» de dicho cargo porque éste requiere estar, «más allá de cualquier sospecha».

Narbona dijo algo que otros dirigentes y cuadros medios socialistas señalan en privado, aunque nadie se había atrevido a decir en voz alta. De hecho, horas más tarde la ex ministra de Exteriores Trinidad Jiménez, que sí acudió a la presentación de Rubalcaba y apostó por él como secretario general, declaró que ella no ve necesidad de que dimita. Su antecesor en ese cargo, Miguel Angel Moratinos, no fue tan claro como Narbona, pero dio a entender que Blanco sabrá lo que hace.