Una aventura aérea «de país»
<a href="http://www.abc.es/fotos/20120128/ultimos-vuelos-spanair-viernes-1502354668024.html">Uno de los últimos vuelos de Spanair, el viernes</a>

Una aventura aérea «de país»

Nacida como compañía chárter,la historia de Spanair ha quedadomarcada por el accidente de Barajas

BARCELONA Actualizado:

En el pleno del mes de diciembre del ayuntamiento de Barcelona, medio de tapadillo, los concejales aprobaban sin apenas publicidad la última subvención a la compañía Spanair; una más. La concesión se hizo sin debate, a escondidas, sabedores los ediles de la dudosa legalidad de unas ayudas —unos 150 millones desde 2009— que han sido, prácticamente, el único sustento de una aerolínea nacida con voluntad «de país». Con el anuncio de suspensión de vuelos, más que el fracaso de una compañía se estrella el sueño de la administración catalana, también de parte de su empresariado, que trató de establecer en El Prat una base de vuelos intercontinentales que rompiese con la dependencia de Barajas. Se trataba de convertir Barcelona en un «hub internacional»: el sueño se acabó.

Si la última etapa de Spanair es la de la impotencia de la Administración y la incapacidad para atraer a un socio industrial, otros sucesos han marcado su trayectoria. El más trágico, grabado en negro en la historia de la aviación española, el accidente del vuelo JK5022 con destino a Gran Canaria, que el 20 de agosto de 2008, en Barajas, segó la vida de 154 personas.

Habían pasado veinte años desde que Spanair comenzase a operar como exitosa compañía chárter. Fundada por la escandinava SAS, que aún tiene un 10,9%, y Marsans, el gran salto adelante se produce en 1994, cuando comienza a operar vuelos regulares en territorio español. Al poco tiempo da el salto internacional, donde llega a tener enlaces con Washington, Río, Buenos Aires y La Habana. En marzo de 2002 Spanair se integra en SAS y, en 2003, queda bajo el paraguas de Star Alliance.

El accidente de 2008 precipitó el cambio de manos de la compañía, que se había convertido en un lastre para la escandinava. Ante la posibilidad de que Spanair acabase en manos de Iberia, lo que desde Cataluña se explicó como el anuncio de la marginación definitiva de El Prat, acabó por cuajar la solución pública. Casi como si fuese un deber patriótico, Spanair quedó en manos de Iniciativas Empresariales Aeronáuticas (Ieasa), que aglutina a la Generalitat, el Ayuntamiento de Barcelona, la Fira y un grupo de empresarios. Fue una aventura tan cara como efímera. Un pozo sin fondo. El «no» de Qatar Airways y las dificultades económicas de la Generalitat precipitaron el fin. La aventura aérea catalana se ha estrellado.