«Vivències de Guinea», un interesante documento de la huella española

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JUAN PEDRO YÁNIZ

BARCELONA. Poca bibliografía hay sobre Guinea Española, el libro de Pozanco sobre la Guerra Civil; «La tribu» sobre el golpe que eliminó a Maciás y estudios más políticos que propiamente históricos. Faltaba una gran crónica de 1951 a 1969 que explicara el fin de la presencia española, aunque fuera bajo los ojos de un colonial, pero con datos de primera mano y capacidad de autocrítica.

«Vivències de Guinea» (Viena. Memòria) de Agustí Lorenzo Gacia es una magnífica crónica escrita en primera persona que resume las dos últimas décadas de dominio español, en los lejanos territorios del Golfo de Guinea. Combatiente en el Ejército republicano, Lorenzo pudo embarcar en 1951, en Bilbao, con destino a Bata. Ya la narración del periplo merece la pena, en el puerto de la Guinea Continental se desembarcaba a hombros de indígenas. Venía después la daptación al medio, la temperatura, las viviendas, los boys y las guineanas solícitas y la lucha contra las enfermedades.

Un mundo aparte

Gerente de Transportes Africanos, que servía a todas las rutas continentales tenía que proveer desde las reclamaciones inesperadas a las averías fruto del material obsoleto y las carreteras inenarrables. Se puede decir que el autor siempre se sintió integrado en el sector más liberal de la colonia, esclavizada por una legislación muy periclitada y una praxis administrativa, entre el despotismo y la corrupción.

Las cacerías en la selva, hasta conseguir cobrar algún elefante, el siempre sorprendente día a día, los primeros e inevitables brotes de nacionalismo -cruelmente reprimidos- forman el tejido del apasionante relato.

Como ya había ocurrido en Cuba, Puerto Rico y Filipinas, la presencia catalana en la colonía fue muy importante; hasta el punto que un matutino barcelonés mantenía un corresponsal en Santa Isabel (José Mª Vila) y el destino final de la mayor parte de mercaderías que salían de Guinea eran desembarcadas en Barcelona. La ola anticolonialista de los años 60 barrió la presencia española. El autor y el resto de la colonia lloró el 12 de octubre de 1968.