Villatoro gana el XXX Premio Ramon Llull

D. MORÁN | BARCELONA
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El juego del Barça, con ese endiablado manejo del balón y los movimientos imposibles de Xavi, Messi e Iniesta, siempre ha tenido algo de fábula y ciencia ficción. Lo que nadie imaginaba es que esa fábula, más increíble si cabe después del chaparrón de títulos de la pasada campaña, acabaría inspirando una novela que, hábilmente titulada «Tenim un nom», le serviría a Vicenç Villatoro (Terrassa, 1957) para proclamarse ganador de la XXX edición del Premio de las Letras Catalanas Ramon Llull.

El fallo del galardón, dotado con 90.000 euros, se dio a conocer anoche en Andorra en una velada literaria presidida por el jefe del gobierno andorrano, Jaume Bartomeu, y el conseller de Cultura catalán, Joan Manuel Tresserras. Autor de más de una veintena de títulos de narrativa, poesía y ensayo y tan conocido por su obra literaria como por su actividad política -fue diputado de CiU en el Parlament y director la Coorporació Catalana de Ràdio i Televisió-, a Villatoro le extrañaba que un tema tan contemporáneo como el del F.C. Barcelona no se utilizase como trampolín literario, por lo que se puso manos a la obra. De ahí surge «Tenim un nom», obra que anuda el amor a unos colores y la relación entre un padre y uno hijo que, tras varios años alejados, intentan recuperar el contacto y el tiempo perdido asistiendo a la final de París de la Champions de 2006.

Aún así, no se trata de un relato estrictamente futbolístico, sino de una novela en la que el Barça es el motor que ayuda a explicar «un sentimiento y un sueño que conforman la identidad individual y colectiva» y articula una historia familiar salpicada de amor, renuncias y reflexiones sobre el paso del tiempo.