anÁlisis

Corralito en el campo catalán

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Un fantasma recorre las libretas de los ahorradores ante el primer «corralito» de Cataluña. Aunque se haya producido en la sección de crédito de una cooperativa agraria, que viene a ser como una parafarmacia pero en el sistema financiero; haber sido testigos de la impotencia de los vecinos de L'Aldea (Tarragona) ante la imposibilidad de recuperar su dinero ni para hacer la compra, ha excitado el gen de la prudencia catalana.

Algunos pagesos no han atendido las explicaciones de los administradores de sus cooperativas, ni las tibias llamadas a la tranquilidad de la Generalitat, y han optado por dejarse querer en la guerra del pasivo desatada por las entidades financieras. Menos mal que la desgracia de L'Aldea ha ocurrido en una semana repleta de puentes, porque el goteo de rescates de depósitos de los cooperativistas podría haber sido mayor.

La buena nueva financiera viene de la mano del Banco Sabadell, que con la adquisición de la alicantina CAM podrá mantener el ritmo de expansión que inició hace catorce años. El equipo de Josep Oliu tiene una demostrada experiencia en integrar otros bancos. Nada menos que seis fusiones ha protagonizado con éxito la entidad vallesana en los últimos catorce años. Empezó con el NatWest y lo convirtió en Solbank. Le siguieron: Herrero, Atlántico, Urquijo y Guipuzcoano. Incluso el banco catalán ha puesto una pica en Estados Unidos con la adquisición en Florida del TransAtlantic Bank de Miami.

La noticia de que el Sabadell se encarama a la quinta posición del ranking español ha llenado de satisfacción al presidente Mas, que ha asistido con la misma impotencia de los vecinos de L'Aldea a la drástica reducción del sistema financiero catalán. En la primera fase de la reestructuración, de diez cajas catalanas han quedado sólo tres, puesto que Laietana está en la órbita de Bankia y Penedés en la de Banco Mare Nostrum (BMN). En breve, el Banco de España pondrá a la venta Unnim y luego CatalunyaCaixa, que probablemente serán adquiridas por inversores extranjeros. Antes, La Caixa tuvo que quedarse la de Girona mientras su presidente, Arcadi Calzada, era invitado a abandonar la Fundación Príncipe de Girona por lo antiestético de vender cuados de su propia galería a la entidad que presidía.

Ahora Mas quiere que Cataluña esté al máximo nivel de honestidad, después del pensionazo de la cúpula del Penedés, del latrocinio a gran escala del Palau de la Musica y hasta de tener un flamante aeropuerto en Lleida sin aviones. Tanta semejanza con el resto de España está matando el mito.