Ángel González Abad - Los martes, toros

La travesía del desierto de Serafín Marín

«En el caso del diestro, la pérdida ha sido la de jugarse su carrera profesional»

Ángel González Abad
Actualizado:

Me apena como esta tratando el sistema taurino al matador de toros catalán Serafín Marín. Si ha habido un perdedor en todo el proceso que llevó a la prohibición de las corridas de toros, ese ha sido el torero de Montcada. Él, y los aficionados que perdieron su libertad para ir a los toros. Pero en el caso del diestro, la pérdida ha sido la de jugarse su carrera profesional.

Aquel día de julio de 2010, las lágrimas se le saltaron en el mismo Parlament, tras la votación que significó la abolición. Antes, y después, Serafín Marín fue un auténtico abanderado de la lucha por la Fiesta. No dudo en envolverse en la senyera para hacer el paseíllo en la Monumental barcelonesa y en la mismísima plaza de Las Ventas. Y todo con la máxima verdad, la que vivía en la arena. Fue apoderado por la empresa del coso madrileño, y no fueron malos tiempos, siempre con el reconocimiento de los aficionados, que veían en Marín un ejemplo a seguir.

Las cosas se torcieron, y, poco a poco, su nombre fue olvidado por las empresas, las mismas que lo contrataban cuando la lucha por la Cataluña taurina estaba en su máxima acción y su presencia podía hasta considerarse un aliciente en los carteles.

Ahora, Serafín Marín atraviesa una dura andadura por el desierto. Esta en la lucha por conseguir contratos, en el comenzar desde cero. Meter la cabeza en una corrida de toros, por muy modesta que sea, es tarea harto complicada. Es un milagro que mantenga la afición intacta, se agarra a torear festivales con la ilusión de siempre, con el sueño de un triunfo en una plaza importante que le abra de nuevo las puertas. Las que se le fueron cerrando cuando entregó todo por volver a torear en su tierra. Lástima que el sistema taurino, lejos de premiarlo, parece que le ha castigado por ello.

Ángel González AbadÁngel González Abad