LA TORRE AGBAR Y OTRAS LUMINARIAS

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La gran torre Agbar ha decidido por fin ponerle un plus de luces a la ciudad de Barcelona. No iban a ser sólo Joan Puig y Pere Navarro los que mantuvieran nuestro umbral de luminosidad. Alguien le dio la otra noche al interruptor y aquello se ilumino de azul y grana: tal vez fue el mismo Laporta el encargado de darle a la llave («tranquilo, Jan, no te alteres, que vas a ser tú el que impregnes de azul y grana el cielo de la ciudad»). Los más fantasiosos, al ver aquello,pensaron en Steven Spielberg y en sus «Encuentros en la tercera fase», pero no hubo ninguna misteriosa escaleta musical que nos comunicará con las intenciones marcianas del arquitecto Jean Nouvel.

Cuando el proximo dia 16 se inaugure la fabulosa torre, todos tendremos la oportunidad de dejar volar nuestra fantasía otorgándole la función que cada cual prefiera y añadiéndole nombres ocurrentes a los que ya se le han puesto. De todos modos, su visión majestuosa e iluminada contra el tapiz de la ciudad será, sin duda, una impresionante mezcla de fantasmagoria y metafora municipal: cualquier cosa por ver sonreir a Clos. Pero lo importante, no nos olvidemos, es que a lo que viene en realidad es a contrarrestar con sus luminarias el hecho de que algunas de ellas se nos hayan ido a Madrid, siendo las más notorias (por la luz que se llevaron con ellos) las de Pere Navarro, director general de Tráfico, y las de los diputados Joan Tardà y el luminoso y brillantísimo Joan Puig...

De paliar esa penumbra que dejaron en esta ciudad la marcha de estos candiles andantes intentará encargarse a partir de un par de semanas la torre Agbar; y no será fácil contrarrestarla con luz artificial, pero habremos de conformarnos. El otro día, en un artículo de uno de esos periodicos digitales se hacia un pequeño recopilatorio de «las cosas de Pere Navarro» y el resultado era espectacular.

Sus declaraciones sobre la velocidad, las inconveniencias de comprar buenos coches, sobre la culpabilidad de los conductores, sobre la efectividad de los radares y de la Guardia Civil y, en especial, su gran hallazgo acerca de las causas de los grandes atascos (todo el mundo sale el mismo día hacia el mismo lugar)..., lo hacían acreedor en el artículo al titulo de personaje más sagaz y lúcido de cuantos emprendieron ese viaje politico de Barcelona a Madrid; un titulo que no era nada facil de ganar, teniendo en cuenta que optaba a el Joan Tardà, el politico imaginativo y penetrante que lanza contínuas propuestas llenas de sensatez y reflexión, como aquella del Rif o la otra sobre el ejercito español y la modificación del artículo octavo de la Constitución, y puesto que tambien optaba a el deslumbrante Joan Puig, de cuyas aventuras intelectuales veraniegas hay fotos y cronicas que las atestiguan; pero, sobre todo, fotos, pues lo suyo consistía en un puro alarde físico.

Total que la noticia de la inauguración de la torre Agbar y de la puesta en funcionamiento de su entramado luminoso (probablemente azul y grana, pues con estos colores no sólo se responde al sentir de muchos pares de pies futboleros, sino también a la idea originaria del arquitecto de homenajear con un geiser de luz a Montserrat y a Gaudi con el rojo tierra y el azul agua...), pues eso, que con esta noticia se nos garantiza un otoño fascinante y que nos tendra a todos deslumbrados, obnubilados, rutilantes y deseosos de participar en esta eclosion de cultura e inteligencia de la que disfrutamos y hasta importamos a Madrid, para que vean...

Ya sólo faltará que el Barça le de un buen meneo al Real Madrid en el ya casi tradicional partido del 20-N (el año pasado fue un inolvidable 3 a 0) y habremos casi satisfecho todas nuestras mejores esperanzas. Ademas, claro está, de un cuarto y mitad de Estatut; pero póngamelo mejor de esta parte, que está mas rojito.