Toni Sala refleja en «Marina» el lado más oscuro de la Costa Brava

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SERGI DORIA

BARCELONA. Adepto de Josep Pla, Victor Català y Joaquim Ruyra, Toni Sala (Sant Feliu de Guíxols, 1969) sabe que las descripciones paisajísticas es mucho que bello ornamento. Después de «Pere Marín» (1998) y «Rodalíes» (2004) vuelve a recorrer en «Marina» el territorio catalán. Una trilogía novelística que es una expedición moral al desvelar el lado oscuro de la relación entre hombres y mujeres.

Un profesor quemado y al borde del suicidio deja su familia las vísperas de la verbena de Sant Joan y pretende recobrar el paraíso perdido de su juventud en Sant Feliu de Guíxols, S´Agaró y los acantilados de Tossa. Se reencontrará con una amiga de la que estuvo enamorado en su adolescencia, pero también con su agresivo exmarido, alejado del domicilio conyugal por malos tratos. Conocerá a una joven monitora alemana y creerá resucitado el poder de la seducción. A la postre, con el rumor del mar de rumor trágico, la violencia subyacente acabará con toda posibilidad idílica y le abocará a la amarga realidad del presente.

Otra Costa Brava

Describir la Costa Brava requiere mucho oficio, reconoce Sala: «Lo decía Pla sobre Blanes: no podía escribir porque Ruyra lo había devastado». La obra de Ruyra, «Marines i boscatges» inspiró el título de esta novela que tiene como rasgo común con las anteriores «al individuo desconcertado y una naturaleza que deviene agresiva. También añade dosis de la violencia sexual que estalla en esos momentos de desconcierto». La nostalgia es un error: «El protagonista busca refugio en el pueblo donde nació, pero el paisaje ha cambiado radicalmente y la chica con la que soñó reparece con arrugas, una mujer trabajada por la vida». Frente al ecologismo de manual, Sala describe una naturaleza que agrede a quien osa invadirla en los escarpados precipicios de Tossa y los hoteles abandonados que cubre la maleza: «Nos guste o no, la vida se parece más a esto que a una novela rosa», apostilla.