la nada nadea

Las sirenas existen

De un modo oscuro pero inapelable, los valedores de lo insignificante son los seres más ingenuos de la Creación

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AL paso de Dante, los florentinos observaban con curiosidad y respeto al hombre que había visitado el Infierno. Diríase que en la Toscana de principios del siglo XIV se vivía de acuerdo con lo que el matemático René Thom tardaría seiscientos años en formular: «Lo verdadero no limita con lo falso sino con lo insignificante». Sabiduría de la que han sido privados los bobalicones de todos los tiempos: ¡El Infierno no es así! (¿Y cómo es el infierno?)

O bien: ¡Dios no es un anciano de larga barba blanca! (¿Y cómo es exactamente Dios?) O bien: «Las sirenas no existen», tal como acaba de anunciar la autoridad oceánica estadounidense. De un modo oscuro pero inapelable, los valedores de lo insignificante -única zona que queda fuera de la verdad- son los seres más ingenuos de la Creación. La vida debe resultar muy estrecha cuando verdad equivale a realidad tangible. Vayan a contarle a Ulises y a su tripulación que las sirenas no existen. Ah, que Ulises no existió. Bien, tampoco creyó nadie en la existencia de Troya hasta que el arqueólogo aficionado Heinrich Schliemann la descubrió guiándose únicamente por la Ilíada. Pero esa no es la cuestión. Aunque Troya no hubiera resurgido materialmente en la Anatolia, jamás habría dejado de pertenecer al universo de lo verdadero, esto es, de lo significativo.

El gran metodólogo de la ciencia Karl Popper consideraba a los libros objetos típicos de una categoría de la realidad a la que llamó «Mundo 3»: «Sin duda la forma física del libro es irrelevante, y ni siquiera la no existencia física lo sustrae de la existencia en el mundo 3; pensemos en todos los libros perdidos, en su influencia y en la búsqueda de ellos».

La divina comedia -esto es, su contenido- existe y es más influyente que sus cándidos apostilladores. La realidad de la Ilíada y de la Odisea -que además no nacieron libros- es inmensamente más profunda y relevante que la realidad de las autoridades oceanográficas. ¿Verdad que parece evidente? Verdad que parece evidente. Pero no lo es.