Más de treina escritores acudieron al II Desayuno del Regina, que ya se consolida como parte de la tradición. Efe

Sant Jordi a pleno sol

Sant Jordi superó ayer todos los pronósticos. Un aumento de ventas del 7 por ciento respecto al año 2000, hizo que el sector del libro facturara nada menos que unos 3.200 millones de pesetas en menos de quince horas. Pero, por suerte para la cultura, la clave del éxito estuvo en los escritores.

BARCELONA. Celia López
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Barcelona vivió la Diada de Sant Jordi como si estuviera en plena hora punta. Retenciones en los accesos a la ciudad, colas en los aparcamientos y grandes atascos en el centro fueron la tónica general de esta festividad en la Ciudad Condal. Y es que muchos han sido los catalanes que quisieron asistir a la tradicional fiesta que se vive en la zona céntrica de Barcelona, procedentes no sólo de la zona metropolitana, sino también de otras localidades catalanas en las que el día de Sant Jordi es festivo.

La famosa Rambla de Barcelona, cuya onomástica hace referencia a su pasado como torrente, se convirtió ayer en una verdadera «riera» humana. Grandes stands de rosas y libros adornaban en esta jornada festiva no sólo la habitual Rambla de les Flors sino todas las calles.

Las colas y la multitud de curiosos se concentraban en torno a los tenderetes donde los escritores acudían a firmar, intentando conseguir una dedicatoria plasmada en las páginas del último libro de su autor preferido, entre los que destacan personajes tan mediáticos y consagrados como Quim Monzó o Maruja Torres.

Aunque, según los vendedores, a primeras horas de la mañana la venta de libros y rosas no eran demasiado alentadores debido al viento y al frío, con el paso de las horas y el ascenso de las temperaturas, fueron aumentando también los niveles de ventas, superando incluso los del año pasado.

3.210 MILLONES EN VENTAS

Según datos del Gremio de Libreros de Cataluña, la facturación global de la jornada de ayer ascendió a unos 3.210 millones de pesetas, lo que supone un aumento de un 7 por ciento respecto a los resultados del, 2000.

Los vendedores opinan que otro de los factores que ha contribuido al aumento de las ventas ha sido el hecho de que la Diada se haya celebrado este año en una jornada laborable, ya que el año anterior coincidió con el Domingo de Resurrección, en plenas vacaciones de Semana Santa.

Pero la venta de rosas y libros no fue la única actividad destacada del día de ayer. Aprovechando la gran cantidad de gente congregada en las calles de Barcelona y el gran despliegue mediático, los estudiantes de Medicina decieron salir a reivindicar sus protestas en torno al examen M.I.R. Pero aquello parecía una gota en un mar, entre tanto gentío y tanta simpatía que derrochaban los escritores con su público lector.

AUTORES INSÓLITOS

Florinda Chico no paró de firmar ejemplares de su libro «¡Que aproveche!». Lo que no esperaba ella es que apareciera en la caseta un sobrino de Barcelona, con la foto de Casa Chico, de un pueblecito de Badajoz, tomada en los años veinte. Una imagen donde aparecía la tía que le enseñó a Florinda las recetas con que ella triunfa ahora. La lagrimilla no tardó en aparecer.

Pocas horas después almorzaban juntos la vital Pilar Urbano, Santiago Carrillo, Pere Esteve y Lluís Bassat...¡autores de este Sant Jordi! Por el Paseo de Gràcia, Pere Gimferrer y Eduardo Mendoza andaban como dos amigos a la hora del aperitivo. Mendoza ya intuía los laureles de la victoria que llegarían por la tarde, cerca de un Gimferrer abrigado a pesar de los 30 grados al sol.

Las colas más vistosas las genera Antonio Gala. Las lectoras le cuentan con qué frase han llorado o gracias a qué amiga conocieron sus libros. Y la verdad es que son legión, casi tanta como la de Sara Montial, Saritísima en Cornellá, o la de Lucía Etxebarría, que además recibe los regalos más insospechados: zapatillas de playa, clips... Como la experiencia es un grado, se llevó un set de tamponcillos de colores para imprimir un ex libris junto a cada dedicatoria: un sol, una nube, qué sé yo.

Maria de la Pau Janer y Jesús Moncada compartían mesa y buena conversación, mientras Lola Beccaria y Fernando Marías se sumergían en la nueva aventura recién llegados de Madrid. Vieron que esto no es la Feria de Madrid, sino que aquí -como dice alguien- en un día nos hacemos lo que otros en diecisiete: una odisea del espacio editorial.