Irene Natividad subraya que debemos acostumbrarnos a ver mujeres en el poder. Elena Carreras

«El reto ahora es lograr que haya más mujeres en los estadios intermedios de las empresas»

ESTHER ARMORA
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BARCELONA. Barcelona ha pensado en clave femenina durante unos días. Más de medio millar de empresarias, ejecutivas de alta escala y políticas procedentes de 67 países se han dado cita hasta ayer en la capital catalana para celebrar una de las cumbres femeninas más importantes que tienen lugar a en el mundo, el Global Summit Women (GSW), conocido por muchos como el «Davos» para las mujeres. La filipina Irene Natividad, responsable del foro, que ayer se clausuró, se niega a hablar de «Davos femenino» porque, según afirma, el encuentro que se celebra en la capital suiza sólo representa a políticos y ejecutivos de las altas esferas, mientras que «en éste tienen cabida todas las mujeres, las que se encuentran arriba y también las que están en la base». Uno de los grandes retos que se perfilan en estos momentos en la lucha por la igualdad de la mujer es, a su juicio, que haya más mujeres en los estadios intermedios de las plantillas, tanto de las empresas como de los órganos de gobierno. «Sólo así lograremos que éstas asciendan a los puestos de poder», asegura a ABC.

-¿Qué objetivos ha perseguido la cumbre?

-Nuestro principal cometido es que las mujeres aumenten su poder en el mercado económico mundial. Que cada vez haya más mujeres con cargos importantes en las empresas y en las estructuras políticas, simplemente se trata de alcanzar una situación de normalidad, aunque no me atrevo a vaticinar cuanto tiempo deberá pasar antes de que eso ocurra...

-¿Influyó la presidencia española en la UE a la hora de elegir a Barcelona como escenario del encuentro?

-Por su supuesto. En primer lugar, pensamos en España por su papel en la presidencia en la UE, ya que percibimos una importante presencia de mujeres empresarias y consejeras delegadas de este país; y, en concreto, optamos por Barcelona porque el 40% de las mujeres de negocios españolas son catalanas. Eso, sin duda, fue otra razón de peso, a la que se sumó el hecho de que la Ciudad Condal sea también un gran centro estratégico de comercio.

-¿Por qué no le gusta que se hable de «Davos» femenino?

-No es que no me guste, es que creo que no tiene mucho que ver porque en la cumbre del país suizo están representadas las cúpulas directivas del mundo político y empresarial y en nuestros foros hay ejecutivas y mujeres de gobierno de todas categorías y escalas, que es lo que resulta realmente interesante. En el GSW de Barcelona hemos estado 600 mujeres procedentes de 76 países diferentes, que han intercambiado cada día impresiones.

-La lucha feminista se asocia históricamente a una batalla para que las mujeres lleguen a la cima, aunque usted asegura que el reto ahora es que haya más en las posiciones intermedias....

-Las mujeres de la base tienen el poder. En estos momentos el 30% de las pequeñas y medianas empresas están lideradas por mujeres que no han podido escalar a puestos más altos de poder en una gran compañía y se ven abocadas a montar su propio negocio. Lo que hemos de conseguir es que haya más féminas en las posiciones intermedias y que no se les niege la oportunidad de ascender. En Estados Unidos se pueden contar con los dedos de una mano las compañías que están presididas por mujeres. Esta situación se reproduce, desgraciamente, en otros muchos países. Uno de nuestros sueños en estos momentos que haya más senadoras. Si no hay senadoras, difícilmente hábrá mujeres en la presidencia.

-¿Se trata de un problema de falta de implicación de las Administraciones o es una cuestión cultural y de concienciación?

-El problema de fondo es, sin duda, cultural, porque las mujeres siguen teniéndolo muy complicado para recorrer el mismo camino que los hombres. Necesitamos, por ejemplo, políticas efectivas que garanticen que las mujeres puedan mantener su puesto de trabajo después de dar a luz, pero también es importante que la sociedad entienda que los hombres también pueden asumir el peso de la paternidad.

-¿Cómo se consigue ese cambio de mentalidad? Supongo que se inculca desde la base, desde la familia...

-Es un valor que debe impulsarse desde la educación familiar, aunque también es importante realizar un mayor esfuerzo a nivel social para aceptar las aportaciones de la mujer. Es importante que cambie la percepción, es decir, que deje de verse como algo inusual que una mujer sea presidente de una empresa o presidente del gobierno. En este momento sólo el 12%de los miembros del Parlamento de todo el mundo son mujeres. No hace falta ni decir todo el camino que nos queda por recorrer.