Recordando a Potrico de Pablo Romero
ANTONIO SANTAINÉS CIRÉSLa Fiesta de los toros se ha perdido en un mar de incertidumbres. Antes era gallarda, impetuosa y áspera. Hoy es extremadamente pulida. Antes los toros eran bravos o mansos y
ANTONIO SANTAINÉS CIRÉS
La Fiesta de los toros se ha perdido en un mar de incertidumbres. Antes era gallarda, impetuosa y áspera. Hoy es extremadamente pulida. Antes los toros eran bravos o mansos y desarrollaban sentido en el transcurso de la lidia. La uniformidad del ... toro convirtió el arte de torear en un trabajo rutinario y monótono.
Domingo Ortega, conocedor del toro, ya retirado, pronunció en Madrid dos interesantes conferencias. «El arte de torear», en el Ateneo el día 29 de marzo de 1950, y «La bravura del toro», en el Círculo de Bellas Artes el 22 de febrero de 1960. Editadas las dos por Revista de Occidente, con un anejo de don José Ortega y Gasset.
Valedor del indulto
Fue en la última de las citadas un valedor a ultranza del indulto, en la plaza, del toro auténticamente bravo, al objeto de mejorar, a largo plazo, la ganadería brava española. En cuanto al comportamiento del toro en la suerte de varas me decía: «Es casi fundamental el que vaya tres o cuatro veces, a una distancia por lo menos, de cuatro metros, con alegría. Pero, ahí, claro, la bravura la tiene que conservar si ha cumplido esta misión, que aguante los ocho, diez o doce pases que le den al toro».
Con lo que establece usted también, le dije, la medida de la faena de muleta. «No, bueno. Es que si a un toro, a mi forma de ver, se le dan, diez o doce pases por cada lado, si se los dan bien, en esta forma de cogerle y llevarle por donde no quiere ir, ¡ah! no hay toro que aguante más si tiene bravura. Porque se ha hecho polvo el toro allí también».
Barcelona ha sido intransigente en eso de los indultos. Ni se dejó pasar becerro por novillo o novillo por toro y el peso es, además, un dato insuficiente. Lo que cuenta es la bravura. En ABC del 26 de octubre de 2003 les hablé del toro Culebro tan sumiso con el mayoral Serafín antes y después de tomar ocho puyazos en la plaza de la Barceloneta el 1 de septiembre de 1889 y ser indultado. Y el caso de Civilón indultado también el 28 de junio de 1936, al que Felipe Sassone le dedicó una bella crónica con el título «Un toro sociable».
Festividad de la Ascensión
Pasaron años. Muchos años. Para el jueves 23 de mayo de 1968, festividad de la Ascensión se anunció en la Monumental la siguiente corrida: Seis toros de los señores Hijos de Pablo Romero, de Sevilla, para Dámaso Gómez, Limeño y Andrés Hernando,
¡Qué recuerdo tan imborrable conservo en mi cerebro de aquellos seis toros cárdenos! Bolichero, Leznito, Travieso, Pandero, Alcucillo y Potrico dieron una gran tarde de toros en Barcelona. Al segundo le dieron la vuelta al ruedo por su brava y noble pelea. El tercero fue ovacionado. Cuando apareció en la arena el quinto, tras angustiosa espera, se plantó en jarras en la puerta de toriles como diciendo: ¡Venga un valiente!. Y se arrancó después, dueño y seños del ruedo. La ovación al mayoral fue extendiéndose por tendidos y gradas como reguero de pólvora. Limeño había cortado una oreja a Leznito y las dos y el rabo Dámaso Gómez a Pandero.
El encierro iba a más y la pasión de los toristas se desbordó con el sexto y último toro, de nombre Potrico, número 59, cárdeno bragado gargantillo coletero. De pitón a pitón medía 64 centímetros y 53 desde la cepa a la punta del pitón. (Hijo del semental Comilón y la vaca Potrica). Su peso en bruto era de 513 kilos. Tomó un largo puyazo derribando al caballo y otro recargando. Morenito de Córdoba fue ovacionado en un gran par de banderillas.
Andrés Hernando brindó al público y realizó una gran faena, recreándose, sintiendo auténtico placer al torear al natural con la izquierda. El toro repetía mucho y bien, motivado por su bravura y gran nobleza. La faena no sobrepasó los veinte pases. Los toristas, todo el público en general, empezaron a pedir el indulto de Potrico. El presidente, don Félix Rodríguez Gil (al que nunca más le vi presidir corrida alguna) dudó unos segundos. En su mano, estrujado, el pañuelo verde. Andrés Hernando trató de igualar al toro. «!No, no! ¡No lo mates!» empezó a gritar el público agitando los pañuelos con frenesí solicitando el indulto del noble y bravo Potrico. Y el presidente concedió el indulto para evitar un posible conflicto de orden público. Andrés Hernando simuló con una banderilla la suerte de matar. A sus manos llegaron simbólicamente las dos orejas.
El toro no se va
Eran las siete y treinta y tres minutos de la tarde. Aparecen cuatro bueyes. Entran y salen. Potrico se resiste a entrar al toril. Le franquean el paso por la puerta de cuadrillas. Inútil. A las ocho de la noche pide permiso Dámaso Gómez para ausentarse. A las ocho y cuarto anuncian los altavoces, que «el distinguido público abandone la plaza», No hay manera de retirar al toro. Ni la danza de los capotes ni el valor de Curro Caro citando con la gabardina consiguen nada. Sobre las nueve de la noche. hermanado con los bueyes, entró él el primero al toril.
Potrico permaneció en los corrales hasta el 25 de junio, fecha en la que fue embarcado para su ganadería. Dos días antes, el 23, se repitió el mismo cartel con el aditamento de Ángel Peralta. Los señores Hijos de Pablo Romero mandaron otro encierro selecto, lidiado entre aclamaciones que suponemos llegarían hasta los corrales donde terminaba su curación y hospedaje Potrico.
La noche anterior en el Real Club Náutico y en el transcurso de una cena se rindió homenaje a los Hijos de Pablo Romero. Al término de la misma la empresa entregó a don Felipe de Pablo Romero una bandeja de plata con la divisa celeste y blanca y el hierro arriba de plata e incrustado en ónix (piedra de color azul oscuro). La inscripción dice: Recuerdo de Pedro Balañá Forts a los señores Hijos de Pablo Romero con motivo del primer toro indultado por bravo en la plaza Monumental de Barcelona y devuelto a su ganadería. 23 de mayo1968. Me contó don Jaime de Pablo Romero que al llegar Potrico a la ganadería bajó del camión dando saltos y mugiendo de contento. Reconoció en seguida la dehesa que le vio nacer.
Potrico, aquel bello y puro ejemplar de Pablo Romero, murió en la primavera de 1977 cuando llevaba siete años de semental. Treinta años después le recuerdo como ejemplo vivo a seguir de bravura y nobleza.
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