Quince jóvenes afrontan hasta 19 años de cárcel por un ataque racista

Quince jóvenes afrontan hasta 19 años de cárcel por un ataque racista

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ELENA CARRERAS

En la imagen, algunos de los acusados junto a los periodistas que cubrían el juicio

JANOT GUIL

BARCELONA. «Sólo queríamos asustarles», dijo Jordi M. C., uno de los acusados, y donde el fiscal ve un ataque racista a una familia magrebí que casi acaba con la vida de uno de ellos, los procesados intentaron reducirlo -con dificultades y contradicciones- a una respuesta a una pelea anterior por un asunto de tráfico. Sin otra connotación.

En la Audiencia arrancó ayer el juicio contra quince jóvenes acusados de un ataque racista ocurrido en 2002 en Sant Vicenç de Castellet (Barcelona). Los acusados, -catorce hombres y una mujer y algunos de ellos con estética «skin» cuando los hechos- afrontan penas de entre dos y 19 años de cárcel.

Según el fiscal, todo comenzó en la tarde del 14 de junio en una plaza del pueblo, cuando tres de los acusados mantuvieron una disputa -«nos apedrearon»- con un grupo de magrebíes por un roce fortuito entre dos coches.

Ya por la noche, estos acusados lo comentaron a varios vecinos en un bar y todos acordaron atacar la vivienda de los magrebíes. Armados con palos y con los rostros cubiertas, la turba se dirigió a la vivienda, lanzó objetos e insultos, intentó entrar en ella, y uno arrojó un artefacto explosivo -una botella de cerveza con gasolina- que no llegó a penetrar en el edificio pero causó un fogonazo.

«No me acuerdo» Uno de los ocupantes del piso, un hombre que no había partipado en el inceidente de la tarde, salió a recriminar a los jóvenes y recibió una brutal paliza que casi le mata.

Jordi M. C. -que rompió a llorar en su declaración-, Antonio S. G., Raúl R. S., y otros que les siguieron coincidieron en afirmar que «sólo queríamos hacer ruido», que no hubo móvil racista ni se organizaron para atacar. Sí para declarar, pareció, aunque algunos se contradijeron respecto a lo que dijeron en su día a los «mossos». Ayer negaron conocer a otros acusados que en su día reconocieron y recurrieron al «no me acuerdo». O a insinuar coacciones «Los Mossos te hacen decir lo que quieren oír», soltó uno.