BARCELONA AL DÍA

Así no hay quien lea

No entender lo ininteligible es un síntoma de inteligencia, y no lo contrario, y esa juerga habitual con la sintaxis, tanto en castellano como en catalán, sería un eximente para la perplejidad de los estudiantes y su «fracaso»

E. RODRÍGUEZ MARCHANTE
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Los alumnos españoles han vuelto a dar la nota en ese chivato que es el informe Pisa y tampoco llegan al mínimo de la media europea en algo que se llama «capacidad lectora en internet», superándose a sí mismos (pero a la baja) en «capacidad lectora y comprensión de textos impresos». Lo primero que piensa uno, ante esta noticia, es que la educación en nuestro país está relacionada de un modo inversamente proporcional a la importancia futbolera: ahora que somos en fútbol campeones de Europa, del Mundo y de todas las Galaxias, a nuestros alumnos les ponen orejas de burro y de cara a la pared. No se puede tener todo.

Dicho lo cual, también podría pensarse otra cosa: ¿qué les dan a leer a estos muchachos?... En internet, francamente, no hay grandes literaturas que leer ni que comprender, y es lógico que a cualquier persona mínimamente instruida se le atasquen en las entendederas muchos de los escritos que vuelan por la red, en general hechos con ese estilo neutro, que se come conceptos y letras y que empieza a configurar ya un lenguaje tan común que los grandes «lectores» digitales desconfían de algo escrito correctamente, con estilo y sin faltas de ortografía.

Es decir, yo sería comprensivo con un alumno que fuera «lector» y que no entendiera todo lo que se escribe en el pantallero universal; pero no es fácil excusar a los malos lectores de los textos impresos, con la calidad literaria que hay para elegir: Es tan difícil no entender por ejemplo a Quevedo como entender el mundo en los 140 caracteres de moda. ¿No será que les dan a leer basurilla ininteligible de esa que firman los grandes escritores del momento? No entender lo ininteligible es un síntoma de inteligencia, y no lo contrario, y esa juerga habitual con la sintaxis, tanto en castellano como en catalán, sería un eximente para la perplejidad de los estudiantes y su «fracaso».

O tal vez es que nuestros idiomas son especialmente complejos, y lo tienen mucho más fácil los escolares de otros países campeones en «lectores», como los coreanos, los hongkoneses, islandeses, suecos y japoneses. ¿Han probado a ponerle a un lector catalán un texto islandés?..., o lo contrario: ¿a un chaval coreano un texto de Manuel Rivas?